¿Para que sufrir? Se llama una canción de Lafourcade. Debo recordar
no escribir en este blog cuando este en la cumbre de hipersensibilidad de mi
síndrome premenstrual (me refiero al post anterior).
El lugar donde vivo es un pueblo pequeño, es fácil conocer a la tercera parte de los habitantes, algo que no deja de impactarme hasta hoy es que no hay cine, no señores, no hay cine, ni siquiera centros comerciales. Lo que si hay son amaneceres con muchos pájaros que hasta hoy no descubro, una laguna frente a mi casa, muchos árboles y palmeras borrachas de sol. Aquí les gusta mucho ir a misa, si no te ven en la misa de ocho te preguntan intrigados porque no fuiste, uno para salir al paso promete que ira a la misa de doce al convento, con las monjitas. Si faltas a esa y te vuelven a encontrar en una esquina te dicen que no te preocupes, que todavía puedes asistir a la misa de siete, que ahí te ven. Ya si de plano quiero evitarme todo eso, basta con manejar diez minutos y llegar al poblado que esta en la orilla del mar. Comer mariscos y luego ir a recoger conchitas que después devuelvo al agua. Me paro en la playa viendo el horizonte y preguntándome que hay del otro lado, que estará haciendo esa gente, que podría estar haciendo yo. Como dice una canción, “nunca es suficiente para mí”
El lugar donde vivo es un pueblo pequeño, es fácil conocer a la tercera parte de los habitantes, algo que no deja de impactarme hasta hoy es que no hay cine, no señores, no hay cine, ni siquiera centros comerciales. Lo que si hay son amaneceres con muchos pájaros que hasta hoy no descubro, una laguna frente a mi casa, muchos árboles y palmeras borrachas de sol. Aquí les gusta mucho ir a misa, si no te ven en la misa de ocho te preguntan intrigados porque no fuiste, uno para salir al paso promete que ira a la misa de doce al convento, con las monjitas. Si faltas a esa y te vuelven a encontrar en una esquina te dicen que no te preocupes, que todavía puedes asistir a la misa de siete, que ahí te ven. Ya si de plano quiero evitarme todo eso, basta con manejar diez minutos y llegar al poblado que esta en la orilla del mar. Comer mariscos y luego ir a recoger conchitas que después devuelvo al agua. Me paro en la playa viendo el horizonte y preguntándome que hay del otro lado, que estará haciendo esa gente, que podría estar haciendo yo. Como dice una canción, “nunca es suficiente para mí”