Mis amigos se parecen a mí, supongo por eso lo son, ambiciosos tras de un sueño, viven solos sin familia y sin hijos. Compartimos sentirnos extraños en esas reuniones donde se habla de colegiaturas y de la ultima camioneta familiar, pero podemos caminar por horas en la noche sin angustia de que alguien nos esta esperando.
Los últimos meses me dedique a vivir en una rutina que me tenía sin cuidado, de la casa al trabajo y de regreso, sin muchas ganas de salir de eso. Aún en mi encierro conocí gente nueva que, insisto, me sorprende se interesen en ser mis amigos. Más allá de un saludo nos hace descubrir similitudes, el punto es, ¿hasta donde seguimos estando solos por verdadero gusto o porque el destino ya nos impuso tremenda soledad?
Aceptar conocer gente me llevó sin querer al mismo lugar tres días seguidos, “La mezcalería” de Orizaba en
No recuerdo bien las excusas que dí para levantarme lentamente y salir de ese lugar tan chiquito, “aquí se siente mucho calor” creo que le dije a uno. No encontré algo mejor para no lastimar o herir susceptibilidades.
Ahora aquí sentada en mi cama, con la recamara a oscuras me dan ganas de guardarme otro ratito, no sea que alguien más me vea y le den ganas de llevarme al bullicio, yo que tan a gusto estoy aquí calladita…con todo y mi look de punketa.