Silencio, que están
durmiendo los nardos y las azucenas. No quiero que sepan mis penas, porque si
me ven llorando morirán.
Si hiciera un libro con
la terrible y cándida historia de mi vida y la gente desalmada que permití
entrar, ganaría un concurso por ser la historia más triste; eso si quisiera
ponerme mi disfraz de víctima. Si contara el tiempo que tolero situaciones
incorrectas hacía mí, me darían un premio por ser la mayor pendeja. Si
escribiera un libro acerca de como de repente un día me decepciona eso que me
tiene tirada en el piso, con un pie en el cuello, y de pronto me levanto sin el
menor problema y sencillamente me voy sin jamás mirar atrás, me volvería millonaria.
No puedo hacer esto último, porque sencillamente no sé como ocurre, solo un día
pasa y ya.
Estos días de silencio
estoy planeando mi escape, he hecho intentos y obtenido algunos logros durante
este año, sin embargo no han sido suficientes para cambiar mi vida y sigo con
la misma desilusión. Pero ahora tengo todo el plan armado, solo es cuestión de
un par de meses y listo. A veces me detengo a pensar si habrá más personas como
yo, si estará bien que yo sea así, no lo sé y a esta alturas ya que importa si está
decidido. Lo cierto es que la incertidumbre va quedando atrás a cambio de una
ligera adrenalina por el futuro próximo.
Yo tan calladita, es
porque estoy soñando con flores.
