martes, 19 de noviembre de 2013

Indiferencia






Estoy segura de que el ochenta por ciento de la gente que me rodea, que me ayuda en la desgracia, que se quiere acostar conmigo, que me comenta en el Facebook, que viene a leerme aquí en lugar de llamarme, que me manda mensajes despiadados reclamándo mi ingratitud, piensa que soy un desastre y una buena para nada. Ven y juzgan mis movimientos como dioses intocables e incorruptibles, no me perdonan que falle,  que cometa errores, me crucifican por no ser la misma glamorosa y demostrar poder, solo por joder  me presento de lo peor cuando les voy a ver. Hablan de mí a escondidas, de la desgracia que es para ellos no verme arriba, por no usar vestidos Chanel, no vivir más en Polanco, yo escucho detrás de las puertas, sin querer, pero lo escucho, y extrañamente en lugar de mortificarme, toda su opinión me vale un pito, me parece  más curioso que yo me haya vuelto una persona que escucha detrás de las puertas. En las noches solo quiero dibujar, no hablar y después cuando se apagan las luces cierro los ojos, no duermo, solo cierro los ojos, las dos de la mañana, las tres, las cuatro; a las cinco puedo dormir algo  y a las seis me levanto a bañarme para salir  lo más pronto que se pueda de ahí, después caminar, caminar mucho, por horas antes de llegar al trabajo.
A veces pienso que una maldición cayó sobre mí, pero inmediatamente alejo esa teoría y pienso que debo ser optimista y seguir, después me doy cuenta que en realidad a nadie le importa y concluyo que soy mala persona, porque en verdad a nadie le importa que yo dibuje si no aporto dinero, a nadie le interesa que yo tenga ideas maravillosas si soy una homeless, a la gente le importa un carajo que yo haya montado una exposición en una galería si no tengo dinero, que sirve para comprar ropa bonita, para pagar la tarjeta de crédito, para pagar una casa, para comer con tus amigos, para ir a antros, para pagar las deudas. Y todo eso lo escribo aquí porque a nadie le interesa escuchar cosas feas, a los hombres no les gustan las mujeres con problemas. Lo escribo aquí porque es un placebo para seguir dibujando, para seguir caminando todos los días, aunque eso a nadie más que a mí le  importe.

(El dibujo borroso que esta arriba, si a alguien le importa, lo hice yo)

martes, 15 de octubre de 2013

"El que luche contra monstruos, debería asegurarse de que en la acción no se convierta a su vez en uno"

 
Cuando era niña y me iba a dormir me preguntaba que haría en caso de que paseando tranquilamente por el bosque se me apareciera un enorme monstruo peludo. Entonces me imaginaba que yo, después de escuchar sus rugidos, me iba a poner a hablar tranquila con él y lo iba a convencer de que fuera bueno y hasta nos íbamos a hacer amigos y yo iba a terminar mi caminata con ese esperpento domesticado a mi lado.
Este fin de semana hubo una fiesta, como es normal en mí me dio sueño demasiado temprano y me pareció bien meterme a una de las recamaras del departamento a dormir.  Alrededor de las cuatro de la mañana sentí que alguien se subía a la cama y me jalaba del brazo para despertarme,  yo no me moví, solo gire la cabeza para ver quien era y me tranquilice cuando vi que era uno de los amigos de la fiesta, pero noté que respiraba muy fuerte y se me acerco hasta tener su aliento alcohólico en mi nuca, le pregunté que era lo que le pasaba, “no traigo pantalones” me respondió, y me volvió a jalar del brazo para voltearme hacia él y su otra mano me la puso sobre el estomago. En ese punto me di cuenta que en verdad estaba muy borracho, que yo podría gritar y hacer un escándalo o negociar lo mas que pudiera para quitarme de encima a un gordo de un metro ochenta, al que me costaba trabajo hasta quitarle la mano de mi brazo. Entonces comencé a cuestionarle que era lo que quería y porque lo quería, que a mi ya no se me antojaba andarme besuqueando y que él siempre que estaba ebrio se le antojaba besar a todas, que recordara que éramos amigos. Pero él seguía acariciándome el estomago y solo me respondía que siempre que me veía le daban ganas de besarme, y así me dio un beso del asco, al que yo solo me pude echar para atrás y zafarme por la orilla de la cama, el  gordo por seguirme se cayó. Se quedo tirado ahí inmóvil, yo creo que mas de el orgullo herido que por borracho. Entonces me salí a la sala y me acomode donde pude entre los demás borrachos a esperar que amaneciera.
A las siete de la mañana volví a entrar a la recamara para sacar mis cosas y el gordo seguía tirado en el mismo lugar roncando como si fueran rugidos de monstruos. Me acerqué para ver bien el panorama y si, efectivamente estaba en ropa interior, había tirado todas sus cosas en el piso, entre ellas su cartera, me acerque más para moverlo y ver si se despertaba pero no, entonces le dí una buena patada en el trasero y ni así se despertó, con el movimiento sentí que me dolía el brazo y me di cuenta que tenia un moretón por su intento de voltearme hacia él unas horas antes. Con coraje y ganas de llorar recogí mi bolsa y en el camino volví a encontrarme su cartera. Cuando la abrí me encontré dos billetes, los saqué, me los guardé y la tiré debajo de la cama.
El dinero me alcanzó para desayunar en un lugar bonito, y después me fui a comprar un block enorme de papel fabriano, muchos lápices,  gomas y un kit completo para hacer muchos dibujos. Dibujos de rabia, de fuerza, de coraje y de ganas de decir: no puedes conmigo puto monstruo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Sinónimo de muerte





Intenté buscar una palabra para sustituir “muerte” en el título de un plan en el que estoy trabajando. No encontré nada que me dejara satisfecha asi que lo voy a dejar así: Muerte. Pensé que era probable que quisiera quitarla por la manera en que la que me proyecto con los demás, en lo que dibujo, escribo o construyo, siempre depresivo, oscuro  y lleno de cosas que no son bonitas para algunos, y la mayoría de esos “algunos” que me conocen piensan que debería ser más optimista ante la vida y traer siempre una sonrisa en la boca, pero a mí eso no me sale y a estas alturas del partido prefiero trabajar en lo que hago bien.
Me acaban de dar la noticia de que una persona que fue cercana a mí hace unos años se suicidó, eligio darse un balazo en la boca antes de pasar por la tortura del cáncer, solo asi lo decidió. Cuando lo escuché me sentí muy mal, no por el hecho en sí, sino porque no le voy a volver a ver, nunca. Su familia prefirió decir que murió en un accidente antes de aceptar que por su voluntad no quiso estar más por estos lugares. Mentir antes que aceptar la vergüenza y lo corriente de su huida.
Al final no es que me guste la muerte, pero está ahí, es real y a mí se me ocurre hacer muchas cosas con eso, y lo voy a hacer, aunque a “algunos” no les guste.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Menos es más




Si todavía viera a mi psicoanalista me diría que no hago más que confirmar con mi comportamiento su diagnóstico. A veces lo extraño, creo que es más por el hecho de estar ahí frente a alguien hablando solo de mí, pero la verdad es que le perdí la fe y para mí la terapia no es más que una excusa que tenemos, los que nos creemos excepcionales, para perdonarnos de las cosas que hacemos mal y no sentirnos tan peor.
Después de  vivir en el exilio escondiéndome del mundo, de pronto me ví rodeada de mucha más gente de la que me hubiera gustado saludar en meses. Eso me dio un miedo espantoso en un principio, yo quería regresar mi cabeza debajo de la tierra.
 Ahora vivo en un departamento hippioso en bonito barrio de la ciudad de México, con otra dos personas y un perro, que reciben más visitas en una semana de las que yo tenía en un año.  Mis vecinos son extranjeros a los que les encanta vivir sin cerrar sus cortinas, así que cada día recorro un pasillo intentando no ver todas esas extrañas decoraciones, pero no puedo y siempre me encuentro con los ojos del vecino que se pasea medio desnudo, los de las francesas que trabajan en una eterna tesis  o los de los gatos que funcionan de guardianes.
Camino para llegar al autobús que en diez minutos me deja a una cuadra de mi nueva oficina, la cual se encuentra en el quinto piso de un edificio que no tiene elevador, cuando llego hasta mi rincón cerca del cielo con un casi desmayo, toda la luz que entra por los enormes ventanales no me dejaban abrir bien los ojos en un principio, hasta sentía que me quemaba la piel con toda esa exageración de luminosidad. Lo que veo a través de ellas es el cielo, alguna que otra copa de árbol enorme y los últimos pisos de un enorme hotel de paso. Todo eso alrededor de 10 personas más que trabajan aquí, y yo saludando y sonriendole a todos.

En las noches cuando regreso a mi “casa”, la mascota me recibe con saltos de alegría y yo, ante la mirada extrañada de mis anfitriones, no puedo evitar emocionarme, abrazo y juego con ese perro, le platico, le reclamo y dejo que se quede  echado junto a mí toda la noche, me cae bien, no sé, como que me recuerda a mí.

Y si, quisiera ver otra vez a mi psicoanalista para decirle, ¿en verdad no hubiera sido más fácil que me recomendara vivir con más gente y tomar el sol? Nos hubiéramos ahorrado meses.

martes, 10 de septiembre de 2013

La manera habitual



Imaginen que van ustedes por la vida caminando como si nada, cumpliendo su rutina diaria, vestidos como la gente ordinaria, viendo pasear a un perro y preguntándose si están cumpliendo con los patrones en la vida para ser feliz, de pronto el universo los toma con unas grandes pinzas que llegan desde el cielo, los levanta despacio, con cuidado y los introduce a un gran frasco de cristal, enrosca la tapa para evitar fugas y sacude una y otra vez el recipiente con ustedes dentro, removiendo frecuentemente para que no se peguen en el fondo. Bueno, quizás esto último no, pero una vez que los ha dejado bien mareados, abre el frasco y olvidando la delicadeza anterior simplemente los tira desde arriba y los ve caer fracturados en decenas de partes, luego se retira.
En verdad a veces me gustaría que mi vida fuera normal y aburrida, ser ama de casa por ejemplo, ser la esposa fiel, leal y comprensiva, hacer suculentos guisos y tener la casa impecable, ver a mis amigas una que otra mañana mientras me escapo de la rutina, pero incluso ahí creo que por azares del destino me volvería contrabandista, encontraría una manera de plantar droga en mi casa y me aburriría del ñoño de mi marido, lo dejaría y tendría un amante ruso que me seduciría cada noche tan solo por susurrarme cosas al oído. Maldita sea.
El universo me dejó tirada otra vez dividida en tres, con todos los planes echados por la borda por una mala jugada del destino y gracias a una pendeja en la que confié y me dejo prácticamente en la calle. Entre más cosas me suceden así más me preocupa el hecho de volverme más wey, más vale madre, más cínica o simplemente tener más agudo el instinto de supervivencia. Eso si, estoy segurísima que de esto no me voy a morir.

jueves, 15 de agosto de 2013

Concupiscente



Cuando iba a la secundaria siempre guardaba dinero para comprarme unas galletas “plativolos” y comerlas despacio mientras caminaba hacia mi casa, me gustaban tanto que las masticaba despacio para que durara mucho su sabor en mi boca, las abría y lamia el relleno de crema, las mordía en trozos pequeños o golpeaba el paquete contra la pared para comerlas en moronas directo de la bolsa. Pero un día decidí que ya no iba a comprarlos nunca más porque me dio miedo pensar que iba a llegar el momento en que ya no me gustaran y se convirtieran en algo ordinario en mi vida, y así fue, nunca volví a comprar unos plativolos.  Además creo que ya ni existen.

Hace poco vi el tráiler de una película donde el protagonista es adicto al porno, si, a ver videos de pornografía, películas porno,  ver religiosamente pornografía en su computadora todos los días; hasta que su novia lo descubre y tienen por supuesto un gran problema. Esto me hizo pensar que tan sano es ver todos los días pornografía, solo ver pornografía de vez en cuando, en  cuantas mujeres ven porno, ¿solo yo tengo mi página favorita porno?, ¿porque nos da vergüenza decir que vemos pornografía? recordé los hombres a los que les hable de eso y se espantaron tan solo por el hecho de que yo supiera del tema, volví a pensar en las mujeres que se horrorizan por ello, ¡bah ellas me dan hueva! no las incluyamos; recordé lo interesante que ha sido poder hablar con un hombre en especial de ello, sin que se espante, compartiéndome su página favorita y después seguir hablando como si nada de lo que sea, donas de chocolate por ejemplo, yo que sé. En fin, el punto es que me puse a analizar si en verdad soy una adicta si todos los días quiero ver pornografía, ¿qué pasa si decido que a partir de mañana ya no voy a abrir mi computadora de manera ansiosa buscando mi link favorito? nada debe pasar;  por eso  señoras y señores he decidido dejar de ver porno… por ahora… o hasta que encuentre algo que sustituya a los añorados plativolos.