Estoy segura de que el ochenta por ciento de la gente que me
rodea, que me ayuda en la desgracia, que se quiere acostar conmigo, que me
comenta en el Facebook, que viene a leerme aquí en lugar de llamarme, que me
manda mensajes despiadados reclamándo mi ingratitud, piensa que soy un desastre y una buena para nada.
Ven y juzgan mis movimientos como dioses intocables e incorruptibles, no me
perdonan que falle, que cometa errores,
me crucifican por no ser la misma glamorosa y demostrar poder, solo por joder me presento de lo peor cuando les voy a ver. Hablan
de mí a escondidas, de la desgracia que es para ellos no verme arriba, por no
usar vestidos Chanel, no vivir más en Polanco, yo escucho detrás de las
puertas, sin querer, pero lo escucho, y extrañamente en lugar de mortificarme,
toda su opinión me vale un pito, me parece más curioso que yo me haya vuelto una persona
que escucha detrás de las puertas. En las noches solo quiero dibujar, no hablar
y después cuando se apagan las luces cierro los ojos, no duermo, solo cierro
los ojos, las dos de la mañana, las tres, las cuatro; a las cinco puedo dormir
algo y a las seis me levanto a bañarme para
salir lo más pronto que se pueda de ahí,
después caminar, caminar mucho, por horas antes de llegar al trabajo.
A veces pienso que una maldición cayó sobre mí, pero inmediatamente alejo esa teoría y pienso que debo ser optimista y seguir, después me doy cuenta que en realidad a nadie le importa y concluyo que soy mala persona, porque en verdad a nadie le importa que yo dibuje si no aporto dinero, a nadie le interesa que yo tenga ideas maravillosas si soy una homeless, a la gente le importa un carajo que yo haya montado una exposición en una galería si no tengo dinero, que sirve para comprar ropa bonita, para pagar la tarjeta de crédito, para pagar una casa, para comer con tus amigos, para ir a antros, para pagar las deudas. Y todo eso lo escribo aquí porque a nadie le interesa escuchar cosas feas, a los hombres no les gustan las mujeres con problemas. Lo escribo aquí porque es un placebo para seguir dibujando, para seguir caminando todos los días, aunque eso a nadie más que a mí le importe.
(El dibujo borroso que esta arriba, si a alguien le importa, lo hice yo)
A veces pienso que una maldición cayó sobre mí, pero inmediatamente alejo esa teoría y pienso que debo ser optimista y seguir, después me doy cuenta que en realidad a nadie le importa y concluyo que soy mala persona, porque en verdad a nadie le importa que yo dibuje si no aporto dinero, a nadie le interesa que yo tenga ideas maravillosas si soy una homeless, a la gente le importa un carajo que yo haya montado una exposición en una galería si no tengo dinero, que sirve para comprar ropa bonita, para pagar la tarjeta de crédito, para pagar una casa, para comer con tus amigos, para ir a antros, para pagar las deudas. Y todo eso lo escribo aquí porque a nadie le interesa escuchar cosas feas, a los hombres no les gustan las mujeres con problemas. Lo escribo aquí porque es un placebo para seguir dibujando, para seguir caminando todos los días, aunque eso a nadie más que a mí le importe.
(El dibujo borroso que esta arriba, si a alguien le importa, lo hice yo)
