Cada vez que veía a Daniel, a quien yo proclamaba como mejor amigo, el rito era ir al cine, comer, beber, caminar, bailar durante horas mientras yo no dejaba de hablarle de todos los hombres que me pretendían o con los que salía, “de aquel tonto que te presente en la fiesta y que no entiende que no quiero que sea ni mi amigo; me da pena decirte pero terminé liandome con el otro feo que te platiqué y lo peor, se lo presenté a mi familia; ¿te acuerdas de aquel fuertote?, pues ya andamos”…
Yo creo que me quería mucho porque se aventaba todas mis historias y además opinaba, se reía o se enojaba, dependiendo de mi hazaña.
Bien, pues mi amigo aquel que estaba siempre dispuesto para mí, cualquier día y a cualquier hora, pues ya no esta más; con trabajos logramos vernos después de 3 meses y ni siquiera solos, me invitó a una reunión donde llegué sola pensando que él era mi acompañante seguro de toda la vida. Y si, ahí estaba medio ebrio, con un brillito inusual en los ojos y abrazando a una chica, estoy segura, unos diez años menor que él, para mi consuelo la solto en cuanto llegué y se dirigió a mí para darme tremendo abrazo, lo que provocó que me lanzaran una mirada de ira desde atrás, pensando que era su novia me adelante a saludarla, y hasta platiqué un poco con ella, al poco rato termino yéndose con otro grupo de personas. ¡Pero que tal, que a la media hora se me desaparece Daniel y cuando lo busqué ya andaba brindándole cariño a otra! ¿En que se convirtió ese amigo que solo veía a las mujeres de lejos y no sé a atrevía a hablarle a ninguna esperando que Scarlett Johanson apareciera en su vida?
No voy a negar que los celos me picaban la panza en cada nueva historia, pero solo para darme cuenta con gusto, que fui yo ahora quien lo escuchó y me reí y me enojé, todo dependía de lo fea que hubiera sido la mujer en cuestión.
