miércoles, 14 de julio de 2010

Los amigos de mis amigas son mis amigos, o a las jetonas novias de mis amigos no les caigo bien.


Cada vez que veía a Daniel, a quien yo proclamaba como mejor amigo, el rito era ir al cine, comer, beber, caminar, bailar durante horas mientras yo no dejaba de hablarle de todos los hombres que me pretendían o con los que salía, “de aquel tonto que te presente en la fiesta y que no entiende que no quiero que sea ni mi amigo; me da pena decirte pero terminé liandome con el otro feo que te platiqué y lo peor, se lo presenté a mi familia; ¿te acuerdas de aquel fuertote?, pues ya andamos”…

Yo creo que me quería mucho porque se aventaba todas mis historias y además opinaba, se reía o se enojaba, dependiendo de mi hazaña.

Bien, pues mi amigo aquel que estaba siempre dispuesto para mí, cualquier día y a cualquier hora, pues ya no esta más; con trabajos logramos vernos después de 3 meses y ni siquiera solos, me invitó a una reunión donde llegué sola pensando que él era mi acompañante seguro de toda la vida. Y si, ahí estaba medio ebrio, con un brillito inusual en los ojos y abrazando a una chica, estoy segura, unos diez años menor que él, para mi consuelo la solto en cuanto llegué y se dirigió a mí para darme tremendo abrazo, lo que provocó que me lanzaran una mirada de ira desde atrás, pensando que era su novia me adelante a saludarla, y hasta platiqué un poco con ella, al poco rato termino yéndose con otro grupo de personas. ¡Pero que tal, que a la media hora se me desaparece Daniel y cuando lo busqué ya andaba brindándole cariño a otra! ¿En que se convirtió ese amigo que solo veía a las mujeres de lejos y no sé a atrevía a hablarle a ninguna esperando que Scarlett Johanson apareciera en su vida?


No voy a negar que los celos me picaban la panza en cada nueva historia, pero solo para darme cuenta con gusto, que fui yo ahora quien lo escuchó y me reí y me enojé, todo dependía de lo fea que hubiera sido la mujer en cuestión.

martes, 6 de julio de 2010

Con un poco de aliño



Las superheroínas, distinto a lo que se cree, no odian a los hombres, por el contrario, gustosas los devoran con un poco de pimienta y gotitas de salsa verde.


Pareciera que están cansadas de creer que por platicar unas horas con aliados ó enemigos de increíbles superpoderes pueden enamorarse de ellos, eso es falso, simplemente aprecian conversar; dudan que por mirar a los ojos y ver un ligero brillito a través del antifaz ya sean el uno para el otro; están convencidas de que darse unos besos no implica que ya sean novios; y del sexo, ¡ah el sexo!, abrazarse y entregarse unos instantes no es amor, mucho menos es probable que por eso compartan en un futuro sus guaridas; que los “te amo hasta la eternidad” son tan raros y por lo mismo tan contadas veces aparecen, que hay que saber reconocerlos y observarlos con calma y miradas frías para dejarlos pasar sin aspavientos cuando son mentiras.


Y aún asi con todo les gustán, sus brazos fuertes, sus manos grandes, su estomago lisito, sus ojos que matan y su carácter firme…si, les gustán.