Mis brazos tienen un nuevo color moreno que nunca antes habian lucido. Durante estos meses he cambiado a un tono más oscuro de maquillaje, a veces me molesta un poco y me unto kilos de bloqueador. Luego solo lo dejo pasar. Vivir en mar me ha caído bien, a pesar de los pesares. Ahora no quiero pensar en eso. Creo que soy muy afortunada porque tengo amigas, tengo familia, tengo apoyo de las personas que me rodean, me siento amada.
Me gusta caminar en la playa descalza, ir encontrando las conchas grises y negras, mis favoritas. Comprar un raspa de durazno para regresar a mi pueblito, manejar la camioneta con el aire entrando por la ventana, escuchando música que hace que mi piel se ponga chinita de emoción. Llegar a la casa y encontrarla llena de gente, comer con las visitas. Me gusta bañarme con agua fría, ¿de que otra manera podría ser con tanto calor?. Dar clases a niños a los que no pensé que llegara a apreciar tanto. Me gusta verlos en silencio mientras dibujan lo que acabo de enseñarles, aprender a apreciar los momentos en el instante en que suceden. Luego despedir a cada alumno y sentarme en el salón vacio a esperar.