Hoy desayuné con toda calma café con una guayaba mientras
ojeaba una revista de sociales. Ayer me pagaron por hacer cosas que mi abuela
tuvo el buen tino de decirme que eran puras tonterías cuando era niña. El lunes dibujé durante cuatro horas
una modelo desnuda en un taller con diez personas más, tenía miedo que a mi
corazón brincando de felicidad lo escucharan los demás. La semana pasada lloré
porque me dio miedo haber hecho algo equivocado. Unos días antes de eso cerré
un proyecto de tres años que realmente estaba acabando conmigo. De lo demás ya
no me acuerdo.
jueves, 26 de julio de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
La terrible decisión de "dejar ir"
A veces uno atrae lo que quiere, no hay duda de eso. Llevo meses con mi crisis existencial, que aparte de quejarme de lo que ya no quiero, no me gusta lo que tengo,
simplemente quiero más. Quiero la fama, las luces, el dinero, los viajes, los
zapatos, las joyas…bueno, esas no, pero si una bicicleta mil veces más fregona que
la que tengo ahora y más cuadros adornando las paredes chiquitas de mi casa de
juguete.
Quiero amor, quiero besos, quiero susurros, apapachos,
noches en vela mirando a los ojos. Quiero risas, confesiones, caminatas,
silencios.
Quiero crear mis propias cosas y que queden tan bonitas que
si no fuera porque yo las hago me las compraría para mí. Dibujar más chingon. Seguir
cantando sola en las noches porque el eco de la recámara hace que suene más
bonita mi voz. Descubrir caras, casas, perros, flores, de todo mientras camino
los treinta y cinco minutos que me separan del trabajo a mi casa.
Pero comenzar a hacerlo cuesta y yo traigo muchos lastres
cargando y que por más que me hago la fuerte ya no puedo jalarlos más. Mi
aferrades a luchar hasta el final por lo que quiero solo me ha traído una
bendita enfermedad en el riñón, una colitis espantosa, diez kilos de más, por
este último hecho traer la autoestima hecha ruinas, dejar de respirar hasta
tres veces al día cada vez que se presentan problemas y no terminar nunca de
resolverlos.
Ya no quiero todo ese panorama, y parece que se me concede pues de pronto mi vida dio un giro y en el aire voy tomando decisiones que espero no me vayan a atormentar después. Asi que aunque me cueste mucho
trabajo, tengo que soltar lo que me pesa para poder volar, y aunque anhelo eso,
dejar ir duele, un chingo.
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