Desde que era niña uno de mis deseos fue escribir, y aunque nunca me dedique a eso de manera formal el haber comenzado el blog para mí fue en extremo gratificante, sobre todo por toda la gente que he conocido aquí, algunos que incluso puedo ahora mencionar entre mis amigos y todos los que se toman la molestia de venir a leerme y dejarme sus comentarios.
Lo que nunca contemple es que así como llegan buenas vibras iban a llegar comentarios anónimos mal intencionados que la mayoría de las veces se me resbalan, otras me sorprenden por la insistencia de venir a leerme, cuando aparentemente no me soportan.
Su actitud de opinar acerca de mis comportamientos inmorales, me da más a pensar el nivel de ardides que tienen hacia mi vida, lo que indica claramente que no pueden existir sin mi y eso me tiene bastante sin cuidado. Generalmente no borro sus comentarios, pero hace un tiempo que comienzan a ser más especificos, a hacer alusión de si me estuvierón vigilando afuera de mi trabajo, firmar con iniciales de los que están cerca de mí o escribir datos que solo podría saber alguien que me conoce. Hoy hay un comentario donde dejan mi número de teléfono, hay un digito mal, claro, supongo con toda la intención. No lo voy a borrar. Tampoco voy a cerrar mi blog, ni me voy a cambiar de trabajo, ni me voy a mudar de casa, si saben donde estoy que me vengan a buscar, no tengo miedo, seguire escribiendo mis historias y de sexo si se me pega la gana porque este es mi espacio ¿Por qué saben? No soy mala persona, soy atrabancada y no tomo las mejores decisiones para mí, y a veces me llevé entre las patas a los que más quería. Pero tampoco me se quedar con los brazos cruzados, porque si no lo saben hay algo que se llama acoso y delitos informáticos, y eso se castiga, pero eso ya será otra historia. Mientras tanto aquí sigo.
Gracias, totales.