lunes, 14 de septiembre de 2015

Del efecto a la causa




Estuve unos días en la Ciudad de México, muchos considerando que no quería aparecerme por ahí. Yo parecía calmada los primeros días, luego mi estomago se convirtió en una historia de horror que no dejaba de torturarme día y noche por el dolor, hasta que una vez a la mitad de la noche me despertó un ataque de ansiedad. Hice más cosas de las que había planeado, pero no hice un par de ellas que consideraba las más importantes. Yo salía con cara de felicidad los primeros días, luego un hombre me hizo un retrato rápido y cuando me lo entrego ví a la mujer con los ojos más tristes del planeta, lo guardé en el fondo de mi maleta y no volví a verlo. Usé lentes oscuros el resto del viaje.

Los primeros días decidí hospedarme en un hotel en el corazón del centro histórico para facilitar tiempos de llegada al congreso al que asistí, me hizo mucho bien estar sola pero en las noches me daba miedo cerrar los ojos y permanecía despierta lo más que podía. Aún con eso el lugar era lindo y decidí hacerle un dibujo antes de irme, cuando llego la hora del check out miré largo rato la habitación y decidí terminar ahí una larga historia, cerré la puerta pensando que con eso cerraba también lo otro. Luego me fui con mis lentes oscuros a que mi corazón atribulado me arrastrara por toda la ciudad.

Durante todos esos días me entró en la cabeza nuevamente la idea de regresar a la ciudad, pero entre más pasaban los días y reconocía ese aire de septiembre más triste me sentía, al grado de estar a punto de llorar el último día. Y no era porque sabía que me quedaba poco tiempo, sino de tantos recuerdos agolpados. El dolor tuvo un principio, no existió siempre, por supuesto tuvo su creador. Y creo que aún no estoy lista para enfrentarlo.

1 comentario:

Chaly Vera dijo...

Cada persona asume sus recuerdos de una u otra manera, posiblemente se deba a l manera como lo enfoco, las ilusiones que se forjo, etcetera, pero en todos los casos -así lo creo- lo mejor es dejarlo en el baúl del olvido.


Besos