Repasemos los hechos, te asustó mi actitud seria después de haber visto mi rostro amable durante un par de meses; leíste lo que escribo y prometiste no asustarte, pero te incomodó que siempre me sentará frente a ti con las manos escondidas entre las piernas cruzadas y te dijera que no me gusta que mis amigos me toquen.
Recordemos, como te emocionaste cuando nos volvimos a ver, de lo frágil que te parecí y de cómo empezaste a hacer planes para cuidarme, a mi, tan indefensa.
En cierta forma me sentí culpable e intenté descubrirte que yo no soy esa, ni tan perfecta ni tan desvalida que te hacía construir ilusiones, entonces comencé a contarte historias, tan terroríficas como solo pueden serlo las verdades.
Aún así llegó el momento inevitable, ya no podías estar sin mí y prometiste que nunca te ibas a ir. Yo, espectadora de este nuevo dejà vu, solo esperé paciente y con el rostro ausente ya de cualquier sonrisa lo que de memoria se que iba a pasar.
Sentada en este café, con las manos escondidas entre las piernas cruzadas, me río del hombre que sentado en la mesa de junto le promete a alguien tras el teléfono que nunca se va a ir.
Desde que era niña uno de mis deseos fue escribir, y aunque nunca me dedique a eso de manera formal el haber comenzado el blog para mí fue en extremo gratificante, sobre todo por toda la gente que he conocido aquí, algunos que incluso puedo ahora mencionar entre mis amigos y todos los que se toman la molestia de venir a leerme y dejarme sus comentarios.
Lo que nunca contemple es que así como llegan buenas vibras iban a llegar comentarios anónimos mal intencionados que la mayoría de las veces se me resbalan, otras me sorprenden por la insistencia de venir a leerme, cuando aparentemente no me soportan.
Su actitud de opinar acerca de mis comportamientos inmorales, me da más a pensar el nivel de ardides que tienen hacia mi vida, lo que indica claramente que no pueden existir sin mi y eso me tiene bastante sin cuidado. Generalmente no borro sus comentarios, pero hace un tiempo que comienzan a ser más especificos, a hacer alusión de si me estuvierón vigilando afuera de mi trabajo, firmar con iniciales de los que están cerca de mí o escribir datos que solo podría saber alguien que me conoce. Hoy hay un comentario donde dejan mi número de teléfono, hay un digito mal, claro, supongo con toda la intención. No lo voy a borrar. Tampoco voy a cerrar mi blog, ni me voy a cambiar de trabajo, ni me voy a mudar de casa, si saben donde estoy que me vengan a buscar, no tengo miedo, seguire escribiendo mis historias y de sexo si se me pega la gana porque este es mi espacio ¿Por qué saben? No soy mala persona, soy atrabancada y no tomo las mejores decisiones para mí, y a veces me llevé entre las patas a los que más quería. Pero tampoco me se quedar con los brazos cruzados, porque si no lo saben hay algo que se llama acoso y delitos informáticos, y eso se castiga, pero eso ya será otra historia. Mientras tanto aquí sigo.
Hace siglos, alguien le dijo que se sentía incomodo con tanto sexo, que prefería caminar y tomar café antes de pasar por la tortura de sentir esas caricias de parte de ella otra vez.
Corrompida y echada a perder pasó una eternidad escondida y dispuesta a no hacer un solo favor sexual más, acudiendo a doctores y gurús expertos en el tema que le diagnosticarán lo que debía hacer.
Eso fue hasta hoy por la mañana, que decidió buscar a un hombre a quien le guste el sexo tanto o más que a ella y asi poder susurrarle mentiras al oído: “es demasiado para mi, pero sigue”.
“Lo pasado se tiene que quedar en el pasado”, eso me lo dijo mi sobrina de 7 años hoy a las 12:00 mientras tomábamos café, claro, si me lo hubiera dicho hace una semana no hubiera provocado la serie de sucesos que me hicierón considerarla una sabia.
Yo en la prepa tuve un novio, era delgado, alto, tenía el cabello castaño claro y estaba en el equipo de basketbol, me daba tanta pena hablar con él que después de dos semanas decidí que lo mejor era dejar de hablarle. Y me la pasé un año penando y pensando que hubiera pasado si hubiéramos seguido juntos. Él que se enteró de lo que yo sentía, me buscó antes de que nos graduáramos, y cuando lo ví frente a mi confesándome su amor me dí cuenta que en realidad no me gustaba y le dije adiós.
La semana pasada lo encontré en Face book, mandamos mensajes, acordamos vernos, y me cancelo la cita 3 veces. Comencé a imaginarme que se había pasado estos 8 días vomitando para estar en forma el día que nos viéramos, pero no. Llegué a la cita 10 días después del primer contacto, para encontrarme con el mismo adolescente, despreocupado, sin planes, sin rumbo, sin sentido y con 30 kilos más…me arrepentí de haberlo visto, mejor me hubiera quedado con su recuerdo.
Mi sobrina es una erudita y yo ahora hago planes mientras me pongo a dieta.
Algo que no deja de sorprenderme es como cambia tu vida cuando decides dejar las cosas atrás y cerrar de una vez por todas los círculos.
De pronto mi intención de tirarme a la depresión se ha visto olvidada por la ajetreada vida social, gente que aunque estaba alrededor no eran los más cercanos, me hablan todo el día, me visitan, me invitan a sus casas, me llevan a sus amigos, me integran a sus proyectos y yo sube y baja con ellos no he tenido tiempo de acordarme de mi meta, o sea tirarme al dolor.
Susy, Daniel, Alberto y Lalo tienen un enorme atractivo para mí: los admiro. Son efervescentes, crean, hablan, bailan, pelan naranjas con las manos, pintan y escriben conmigo y todos los papeles no nos alcanzan; me dicen que estoy loca, que soy depresiva, que soy la más rara, encantadora, que no me entienden, se burlan de mí y nos contamos chistes juntos. Lo mejor de todo, son mis amigos.
Hace un par de días mientras caminabamos por un parque a la 1 de la mañana, quería explicarle a uno de ellos porque estoy deprimida, llegamos a la conclusión de que me gusta sufrir porque se me olvido como estar feliz, algo hicimos que me provocó una risa larga como del lindo pulgoso, no podíamos parar de reír y nos acordamos de cuando íbamos en la preparatoria, hicimos planes y abrimos apuestas, se nos olvidó de que estabamos hablando.
¿El azul es puro? / el azul es pusde barriga vacía
¿el verde es vivo? / el verde es virus de barriga vacía
¿el amarillo es bello? / el amarillo es bilis de barriga vacía
(Haroldo Do campos)
Las heroínas trágicas aparte de no peinarse, también tienen amigos, amigos que se ríen, que se burlan de sus fotos y que toman cervezas, amigos que soportan sus depresiones, y amigos que deciden dejarte de hablar cansados de tuslloriqueos.
“¿Cual es el tiempo reglamentario para estar oficialmente deprimido con los amigos?” le pregunto a Adrián, “No hay tiempo”. Supongo porque es mi amigo. Pero, pasan los días y empiezo a poner tierra y espacio de por medio, me refugio en mi guarida, reviso los mensajes y me encuentro con el de un anti-héroe intelectual que lleva dos meses invitándome a salir, me sorprende su insistencia; decido contestarle y me convence llevándome al cine a ver una película Noruega acerca de amor y locura, con eso se salva la salida, pero cuando termina la película depresiva y en blanco y negro me invita a tomar un café. Lleva 25 minutos quejándose de su antigua novia, yo le entiendo porque acaba de terminar con ella y se que solo quiere hablar del tema aunque diga que no la quiere más, lo escucho paciente, hago una que otra pregunta y no me atrevo a aconsejarle nada, las heroínas no siempre salvan a la gente.15 minutos caminando mientras me habla de libros y de planes acerca de comenzar una relación con otra persona, alguien que sea inteligente, independiente, bonita, que le disfrute el cine tanto como él. 20 minutos se me hacen una eternidad hasta estar frente a mi casa, 2 minutos pensando si es buena idea invitarlo a pasar, 2 segundos para confirmar que es feo, 10 segundos en decir “¿quieres pasar?”, 1 segundo en ver como se ilumina su cara.
No hay tiempos reglamentarios para poner música, sentarse lejos de tu visita, servirle coca al tiempo y sin gas, sentarse frente a él y decirle sin la menor intención de hacerlo sentir mal, “me la pase bien pero te recomiendo que ya te vayas a tu casa”.
Ese día la superheroína se durmió temprano y confirmo que no hay tiempos reglamentarios para sanar los corazones rotos.
Sigo escapando de mi casa, pero ya llego; ayer lo hice tarde, prendí la luz y después la televisión para no dar mas pasos que los cuatro que me llevan al sillón. Cuando me senté escuche un ruido en la sotehuela y me imaginé a mis vecinos aventando basura a sabiendas que ahí casi no vive nadie, corrí a la cocina sin prender la luz para encontrarlos in fraganti, pero lo que vi ahí afuera era lo último que hubiera podido imaginar: Un perro.
Imaginé al perro, que termino siendo perra, intentando escapar de su vacía e intermitente vida, cansada de conformarse con las migajas de su amo quien por las noches quizás llega y solo le acaricia la cabeza un segundo, con cierto remordimiento por haberlo comprado, para después olvidarse del animal y concentrarse en su vida; y esta pobre, engañada por el resplandor de las luces en la ventana, decidió saltar y dejar atrás de una vez por todas a ese amo inútil y falso que no tuvo los huevos para darla mejor en adopción. Y asi saltó…
Supongo mientras caía deseo despertar mañanas amotinadas de olores a deliciosas comidas, de besos y de abrazos, de paseos y corretizas, de canciones alegres y de amor…
Pero no, su viaje se detuvo en mi patio de servicio, lleno de plantas olvidadas y de bolsas de basura acumuladas, y después yo, ahí frente a ella con miedo de que me fuera a morder, juzgándola sin siquiera saber que no es mala, solo sabe morder.
Decidí ir a tocar a todos los vecinos que tuvieran ventana hacia mi patio, todos excepto el vecino de a lado, que no estaba, me dijeron que no era de ella, fascinados eso si por la larga y teñida historia que les contaba a cada uno, casi terminaban agradeciéndome la visita.
Regresé con mi perra, la acaricie un rato mientras nos veíamos a los ojos, le amarré un listón largo y salí a pasear con ella. A la 1 de la mañana estábamos caminando en la calle mientras movíamos la cola de felicidad, regresamos y vimos un programa completo en la televisión, recostada a mis pies, tan bonita volteaba a verme de reojo e hice planes de todo lo que podríamos hacer juntas, hasta me la iba a llevar al trabajo, y fuimos felices.
Hasta que escuché llegar a mi vecino y llamar a su …, Salí a la ventana de la sotehuela y hasta entonces me di cuenta que faltaba un cristal de la ventana, se asomo el vecino y nos vio a las dos con ojos de asombro “¿Cómo?”.
Se la llevó de regreso, con todo y su listón amarillo…ya esta salvada.
La foto es de mi visita y ni se inmutaba con los flashasos.