Sé que no voy a morir pronto, sé que voy a festejar con pastel y muy glamorosa mis ochenta y tantos años, ¿cómo lo sé? Eso no importa, solo lo sé. Será por eso que hace más de un año dejé de pensar de una vez por todas en como matarme, suena feo pero así es. Y aunque dejé de preocuparme por la muerte, no dejó de darme mucho miedo lo que me pasó.
Hace unos días caminaba como es mi costumbre por la noche, sola y contenta de hacerlo porque me gusta, tomé un taxi en un sitio que siempre uso para recorrer una distancia de 3 cuadras a las 11:00 p.m., no presté atención al chofer que no tendría más de 25 años, hasta que le pedí que se detuviera para bajarme, en lugar de hacer eso aceleró y cuando le dijé que se regresara volteo a verme y sacando una pistola me dijo que le diera la bolsa y el celular. Lo que sentí en ese momento fue como estar en un mal sueño, nunca pasó por mi mente toda mi vida como cuenta mucha gente, lo que mi cerebro aceleró fue pensar como salir de ahí sin recibir un balazo de ese maldito infeliz que me estaba llevando cada vez mas lejos. Lo que me dijo es lo de menos, yo dejé de mirarlo a los ojos y negocié para que me dejara bajar y no me hiciera nada, todavía siento como la piel se pegó a mis costillas en espera de recibir la bala de su pinche pistola y para desgracia mía, con pretexto de buscarme dinero escondido, no me salvé de sentir sus malditas manos, primero en las piernas y después por todos lados, para entonces ya iba despacio manejando en calles oscuras, yo no sé cuanto tiempo pasó pero cuando me pidio que me quitara la chamarra y después la blusa me pregunté si sería capaz de bajarme con el carro en marcha, si lo hicé, abrí la puerta y prácticamente me aventé y corrí, corrí lo más que pudé hasta que encontré a un señor cerrando el portón de su casa, cuando le dijé lo que me pasaba comencé a llorar y me abrazó, supongo para hacerme sentir mejor, pero en ese momento me sentí ridicula de estar llorando con un desconocido, me separé de él y se ofrecio llevarme a mi casa, en el camino me dijo que yo estaba muy bonita...
Veinte minutos después estaba con la policía buscando en el sitio al taxista, obviamente, nadie lo conocía y por supuesto no iba a regresar ahí. Algo peculiar, los policías que iban llegando me preguntaban que cuando me habían asaltado, salvo porque llevaba solo la blusa, no entendían porque me veían tan tranquila.
No volví a llorar, no lo he platicado y me da mucho coraje darme cuenta que tengo miedo, mucho miedo y no sé como solucionarlo, por lo demás no quiero pensar más en lo que me pasó. Total, todavía no me voy a morir.