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viernes, 29 de octubre de 2010

Y a veces pasa


A veces la tristeza es una cosa rara que se te agolpa en la cabeza y se te mete a los ojos y se te salen un montón de lágrimas que se confunden con los días lluviosos, como hoy.

Y no entiendo como pasa eso, si tu corazón se convirtió en un pedazo de no se qué, que por más que sacudes ya no siente nada, pero aún así te pones triste.

Y sucede que todavía hay una persona que te busca y te confiesa que todos los días piensa en ti; creyendo que no esta tan mal, lo acompañas a un evento, solo para comprobar que sigue siendo famoso, que sigue teniendo fans y te sientas a un lado de la gente que se junta con él, que no es la que va a los lugares de moda, sino que son los dueños de esos lugares, y él orgulloso te presenta con todos y vuelves a estar entre copas de vino, entre flashazos que antes te fastidiaban y hoy a diferencia de ayer, sientes que es como un juego. Y pasa que te lleva a tu casa diciéndote en el camino que cada día te extraña más y yo aunque lo vea tan frágil, y aunque a veces me siento tan pinche sola, me doy cuenta que por más que haga, la verdad, ya no puedo quererlo, y aunque me duele dar el primer paso, me bajo del carro y me voy caminando, tan común como siempre y con más frío que de costumbre.

viernes, 27 de agosto de 2010

Ya no se canta como se cantaba ayer


Soy una cobarde, una seria cobarde. Camino por el pasillo con el ruido firme de mis tacones, mientras pienso que uno no se muere de ausencias, no se deja de existir porque ya no lo quieran, ni porque decidan no dejarte entrar en su vida, solo pasa que se vuelve uno insensible y deja de sentir dolor por eso; en cambio si se muere por recibir un balazo, en un fuego cruzado, por ser atropellado o por tener un infarto. Pienso en mi computadora que la semana pasada, como en aviso de lo que sigue simplemente se murió. Pienso en el amigo que vino de Guadalajara la semana pasada y comenzó a agredir al Distrito Federal, y de que manera defendí la ciudad que tanto me gusta, no me costó ningún trabajo. Sin embargo intento, en vano, cerrar los ojos para no ver lo que sucede, que el mundo se cae y ya nada es lo de antes, y que uno intentando construirse a si mismo no puede hacer mucho para detener toda esa catástrofe.

Durante una semana he permanecido inmutable, pero escuché por casualidad a un hombre joven recibir la noticia de que su esposa acababa de fallecer, me hizo darme cuenta que nada esta en tus manos, no pude evitar llorar y lloré mucho, sola para que nadie me viera. Y me dí cuenta que tengo mucho miedo y que ya no se canta como se cantaba ayer. Ahora tengo que decir que mis ojos están hinchados porque después de salir del hospital tengo que desvelarme para reponerme en el trabajo. Eso mientras camino por el pasillo para llegar a terapia intensiva y que mi mamá me vea sonreír, y decirle que todos la quieren y están afuera esperando para entrar a verla.

jueves, 3 de junio de 2010

Shhhhhhh!

Estoy re wey me cae, tengo una cantidad de trabajo que hacía bastante crisis no me llegaba, en mi desesperación por no quedar mal y en mi estupido afán de querer salvar a todos los clientes (si, todos llegan pidiendo que les salve la vida) tengo una lista de producción interminable, así que en mi animo de avanzar en el trabajo se me ocurrió quedarme a dormir en la oficina-tienda, que no es mas que un local que hay que cerrar con una puerta de cristal y después con cortinas metálicas, entons le pedí a la persona que más confianza le tengo que me encerrará por fuera, ya que solo así se pueden poner los candados y cerrar, yo bien fregona quesque para trabajar toda la noche. A la media hora de estar acá bien chicha me habla un amigo para decirme que esta en la esquina del trabajo, que donde estoy pa´ que salga a recoger las flores que me trajó…

Para ser sincera me pareció increíble que me creyera que estaba encerrada y no podía salir, suena como a pretexto malisimo, pero le pedí que dejara el ramo en la tienda de la esquina que cierra más tarde pa´ poder vender chelas. Ahora son las 4:29 y ya no se que hacer para aguantar el encierro, ni siquiera tolero la música y lo peor, no se me ocurre gran cosa para resolver los pendientes que tenía, tengo gripa y aquí estoy posteando en lugar de intentar encuadernar unos manuales. Hasta las 9 de la mañana vienen a rescatarme.

Ahora le pido al universo: ¡Quiero un abrazo! Largo, fuerte y en silencio, shhhhh, sin hablar, 5 minutos después se van por favor.

jueves, 30 de abril de 2009

Querido vecino:


Hoy volví temprano a casa, la epidemia de influenza humana hace que las calles estén muertas y regresemos más pronto que de costumbre. Cuando llegue a la esquina donde esta el edificio mire hacia tu ventana, buscando la sombra de tu figura, pero las ventanas estaban cerradas, contrario a lo que siempre veía y la luz roja que asomaba entre las cortinas esta vez estaba apagada.

Entre al departamento y me senté en el sillón. Ví las velas sobre la mesa y no pude más que acordarme del día de nuestra cita. No habíamos quedado en ninguna hora y además había un apagón, ya había oscurecido y sin pensarlo dos veces tomé mis llaves y subí a tocarte. Sin luz, subir las escaleras fue un triunfo, me abriste al primer toquido y para no ponerme nerviosa hable rápidamente. Acordamos vernos en mi casa y unos minutos después bajaste con mac en mano para escuchar música. Es trillado decir “hablamos como si ya nos hubiéramos conocido”, sin falsas posturas intelectualoides y a la luz de las velas hablamos y hablamos de tus planes, de los míos, de nuestra gente, de los que se han ido, de los que están, de los que me costo trabajo soltar, de los anhelos, de la fe. No estuvimos en todo de acuerdo y hasta me sorprendiste diciéndome teta o exagerada, te diste el lujo de regañarme por manipuladora y hasta me dijiste que me gusta hacerme la víctima cuando en realidad me encanta andar por ahí.

Cantaste tus canciones favoritas mientras soltabas el humo del cigarro en mi cara, te puse mis canciones favoritas mientras te hacia bailar unos pasos de salsa. Querido vecino, me convertí en tu sombra y cuando di la vuelta me di cuenta que estabas ahí para cacharme si me caia. Me hiciste reír como el lindo pulgoso con tus tonterías y hasta te seguí la corriente hablando como “La guayaba y la Tostada” seduciendo a “Pepe el Toro”, te compre un patito de plástico amarillo y lo apretabas haciendo ese ruidito al mismo tiempo que me apretabas mi impertinente "llanta".
Y en algún momento, cuando caminabamos, me tomaste de la mano y me hiciste sentir querida.

Mientras pasaba todo esto me dedique a observarte, te guarde lo mejor que pude en la mente, para un día como hoy, poder cerrar los ojos y pensar que sigues aquí sentado. Y me encontré con que la vida, cuando menos lo esperaba, me presentó a este hombre, tan guapo, que sentado frente a mi, me escuchó atento, me analizó, se confesó y me reclamó que le hablaba de tonterías cuando le dije que ya no creo en el amor.

Mejor cantamos a Timbiriche y después nos quedamos callados viéndonos a los ojos.

Al quinto día nos despedimos, con un “me dio gusto conocerte” y se acabó.

Pero sentada aquí en mi sillón mientras te “veo” caminando, acostado en el sofa viendo las noticias o riéndote con esa playera blanca entallada por todo el departamento, no aguante y subí corriendo las escaleras para buscarte, toque tu puerta en el momento en que uno de tus vecinos salía.

.-El departamento esta vacío, no vive nadie ahí.


Ahora, sentada en mi sala otra vez, pienso que eras demasiado perfecto para ser verdad.