Yo vivía de niña en una colonia donde todos se conocían y se saludaban, te enterabas cuando tenían su primer novio las adolescentes o cuando llegaba a vivir un primo nuevo, si salías con honores de la escuela o si reprobabas los finales; había eventos más importantes como ver salir a tu vecina con una gran vestido blanco, y los que nadie quería ver, cuando se moría un vecino.
Cuando murió mi abuela, por ejemplo, recuerdo que todos viajamos a Veracruz para que la enterrarán allá y yo iba bien feliz todo el viaje y mi mamá me jalaba las patillas para que llorará, pero bueno, ese no era el tema.
Lo que mas me llamaba la atención de los velorios era que la gente llegará al velatorio y después a los rosarios aún cuando no llevará buena relación con los de la casa, como si lo acontecido fuera una especie de tregua y pudieran entrar a dar unas palabras de afecto o de ánimo. Palabras que yo nunca di o escuche porque siempre veía todo de lejos y no se me ocurría acercarme para oír que decían, yo sentada veía como llegaban los “invitados”, algunos con charolas enormes de pan o galletas, hasta con jarras de café que ellos mismos repartían.
La semana pasada llegue al trabajo, había una ambulancia y una patrulla en la puerta, lo que hizo que me asustará, pero cuando me acerque vi que el lío era en la casa de a lado, al parecer murió un señor que yo ni sabia que existía.
Pasaron dos días en los que me hice tonta pensando que era lo que debía decirle a mi vecina, hasta que finalmente me la tope de frente, vestida de negro y con los ojos hinchados de tanto llorar, pasó por mi mente un programa tonto que me hizo reír mucho donde a la gente le vendían un libro y un video de cómo dar el pésame y evitarse el decir frases como: “Muchos días de estos”.
“Señora si necesita cualquier cosa sabe donde encontrarme”
Fue lo que atine a decirle y camine hacia el lado contrario; soy mala para esto, ¿pero hay alguien que sea bueno para dar condolencias?
