La vida queridos señores es una mierda. No estoy deprimida,
ni triste, ni enojada, yo diría que me siento “arrinconada” y eso no me gusta
mucho porque cuando pasa siempre termino saltando de repente y ahí voy con tanto arrebato que casi siempre la cago y la cago en grande.
Así que aquí estoy, arrinconada, viendo como la rueda de la
fortuna me tortura con subidas y bajadas, viendo como la gente se mueve a mi
alrededor de maneras que para ser sincera, más que hacerme feliz me
desconcierta. Pongamos ejemplos en orden de aparición más no de importancia.
Alguien que con puro engaño me embarro en un lío cobarde de esos que se inventa la gente a la que por no ser nunca protagonista se inventa historias cobardes y que aún cuando me le enfrenté tuvo el valor o la cobardía de negarme todo en mi propia cara, y ahí ví como se sonrojo y le lloraron los ojitos y con todo fue capaz de decirme “yo no hice nada de eso”, desde entonces cada semana sin falta me llama por teléfono y yo le contesto y dejo que escuché el ruido de la calle o el ruido de la música que tengo en ese momento sin emitir una sola palabra y el muy imbecil cuelga y me manda un mensaje siempre que dice “que mal con la señal, ¿Cuándo nos vemos?” Y yo leo ese mensaje y realmente me pregunto porque no desiste.
Alguien que un día me trató tan mal que me hizo llorar dos horas completas, una bajo la lluvia y otra en el departamento de navidad en Sears, pero me sentí mejor porque pensé que alguien que vive en Mérida tiene el noventa y nueve por ciento de probabilidad de que no lo vuelva a ver jamás en mi vida y te olvidas…y cuando vas al super te lo encuentras con diez kilos menos en el pasillo de las tostadas horneadas y te das la media vuelta y te vas corriendo a tu casa y te metes a averiguar y descubres en su facebook que vive a seis cuadras de tu casa.
Alguien que con puro engaño me embarro en un lío cobarde de esos que se inventa la gente a la que por no ser nunca protagonista se inventa historias cobardes y que aún cuando me le enfrenté tuvo el valor o la cobardía de negarme todo en mi propia cara, y ahí ví como se sonrojo y le lloraron los ojitos y con todo fue capaz de decirme “yo no hice nada de eso”, desde entonces cada semana sin falta me llama por teléfono y yo le contesto y dejo que escuché el ruido de la calle o el ruido de la música que tengo en ese momento sin emitir una sola palabra y el muy imbecil cuelga y me manda un mensaje siempre que dice “que mal con la señal, ¿Cuándo nos vemos?” Y yo leo ese mensaje y realmente me pregunto porque no desiste.
Alguien que un día me trató tan mal que me hizo llorar dos horas completas, una bajo la lluvia y otra en el departamento de navidad en Sears, pero me sentí mejor porque pensé que alguien que vive en Mérida tiene el noventa y nueve por ciento de probabilidad de que no lo vuelva a ver jamás en mi vida y te olvidas…y cuando vas al super te lo encuentras con diez kilos menos en el pasillo de las tostadas horneadas y te das la media vuelta y te vas corriendo a tu casa y te metes a averiguar y descubres en su facebook que vive a seis cuadras de tu casa.
Y entonces si, creo que soy masoquista creo
que yo tengo la culpa, que me gusta sufrir, y no me gusta nada de lo que esta pasando ni de lo que
estoy haciendo y recordando que nadie se muere por irse de donde no debe estar,
pues acabo de decidir que yo me voy otra vez.
