Acepto que amo a mi familia, que quiero a mis amigos, que me cagan los gatos, que las varas de flor de durazno son mi objeto preferido de contemplación y que amo a dos personas más que nada en el mundo.
Y me duelen, porque se que no son mías, ¿no han amado así?, lo miserable de amar con pasión es la infinidad de locuras que uno esta destinado a hacer en nombre de ese amor, de esta manera puedo tener un día entero lleno de comportamientos salvajes y estúpidos, después por la noche dormir placidamente pensado “lo hice por que le amo”.
Me he alejado de cada uno de ellos, comprendiendo que no son míos y que no puedo hacer más, aún cuando yo sea suya. Cuando los tengo frente a mí no me canso de contemplarlos, de observar cada defecto que para mí los hace ideales, de recorrer cada centímetro de su cuerpo, puedo ahora recordar cada parte que pude ver y tocar sin parecer enferma; del ombligo de uno, de los pies de la otra. Solo con cerrar los ojos veo otra vez la cicatriz de su boca, el cabello rubio, las entradas en su frente, el lunar en la mejilla.
Y me duelen, me duele no tenerlos y amarlos con tanta fuerza. Y veo como pasan los años y este amor no se acaba ni con la distancia ni con la ausencia, es cuando odio amar con pasión.
Entonces no me queda más que sentarme sola, alejandome un momento de los que si estan en mi realidad, esperando que los dos estén bien y que sepan que yo (sin pedirles nada a cambio y sin todavia entender eso) los amo sin limites.
