viernes, 26 de febrero de 2010

Y te veo así no te toque...


Acepto que amo a mi familia, que quiero a mis amigos, que me cagan los gatos, que las varas de flor de durazno son mi objeto preferido de contemplación y que amo a dos personas más que nada en el mundo.

Y me duelen, porque se que no son mías, ¿no han amado así?, lo miserable de amar con pasión es la infinidad de locuras que uno esta destinado a hacer en nombre de ese amor, de esta manera puedo tener un día entero lleno de comportamientos salvajes y estúpidos, después por la noche dormir placidamente pensado “lo hice por que le amo”.


Me he alejado de cada uno de ellos, comprendiendo que no son míos y que no puedo hacer más, aún cuando yo sea suya. Cuando los tengo frente a mí no me canso de contemplarlos, de observar cada defecto que para mí los hace ideales, de recorrer cada centímetro de su cuerpo, puedo ahora recordar cada parte que pude ver y tocar sin parecer enferma; del ombligo de uno, de los pies de la otra. Solo con cerrar los ojos veo otra vez la cicatriz de su boca, el cabello rubio, las entradas en su frente, el lunar en la mejilla.

Y me duelen, me duele no tenerlos y amarlos con tanta fuerza. Y veo como pasan los años y este amor no se acaba ni con la distancia ni con la ausencia, es cuando odio amar con pasión.


Entonces no me queda más que sentarme sola, alejandome un momento de los que si estan en mi realidad, esperando que los dos estén bien y que sepan que yo (sin pedirles nada a cambio y sin todavia entender eso) los amo sin limites.

jueves, 18 de febrero de 2010

Cada día pienso en tí, pienso un poco más en tí




Los sueños son para los locos,
por eso los dementes entienden
tan bien a los que sueñan.

Yo: sueño y entiendo

martes, 9 de febrero de 2010

Que bonitos zapatitos

 

Los 45 pares de zapatos altos que tengo guardados han optado por apoderarse de mi mente antes de que sufran el terrible paso de la moda sobre ellos y no vuelvan nunca más a ver el sol. Yo que un año entero me dedique a convertirme en fodonga he decidido usarlos nuevamente, con consecuencias desastrosas.


Ayer iba a ir a una cita, me puse tacones de 12 cms. que no consideré a las 7 de la noche ya no iba a tolerar.

De regreso al lugar donde vivo decido irme en metro, camino unas cuadras para llegar a la estación y de pronto me arrepiento de llevar una falda tan corta, así que le alargo la correa a mi bolsa y la pongo a la altura de la falda para que me tape las piernas, dos cuadras después de que me chifló el del camión de refrescos y todos me ven las medias se me ocurre asomarme a ver lo que ven, descubro con horror que la bolsa solo logró subirme la falda hasta limites inimaginables, y mis chones de encajito se ven bastante llamativos.


Subirme con mi ultimo saco Chanel puesto al metro ya es para seguirse riendo por dentro, mientras camino el transborde de una línea a otra mentalizo cuantos viajes de taxi podría pagar si vendo como vintage el trajecito completo, también me maldigo pensando como se me ocurre meterme al metro y caminar y caminar con semejantes taconsotes. Aún con todo se me ocurre ir al super y cuando llego pasa por mi mente pedirle al policia de la entrada que me deje subirme a una de esas sillas de ruedas eléctricas que se ven tan cómodas, pero me da pena y me cuelgo del primer carrito disponible para caminar por el super como zombie. Con la emoción de las compras (si, me emociona pasar por el pasillo de limpieza) se me olvida un poco el malestar, pero hora y media después y 4 productos en el carrito, siento nuevamente que esos tacones son un tremendo castigo para mí, me acerco a pagar y veo con gran emoción que hay un Mac Donalds en el área de cajas.


Eran las 10:30 de la noche cuando ordené el Mac trio del día, con papas y refresco, si si, con coca, lo que sea con tal de poder sentarme un momento. Cuando me están preguntando que si quiero jalapeño veo como van cerrando de cortina del local, más desesperada que indignada le regreso la charola a la cajera y la amenazo que si no me puedo sentar no quiero nada, la gerente me escucha y me propone entrar mientras ellos terminan la limpieza, acepto inmediatamente.


Eran las once de la noche cuando comía mi hamburguesa en un local vacío de MacDonalds, la gente me veía desde afuera mientras yo escuchaba reggae y veía lo altos y bonitos que se ven mis zapatos de doce centímetros.

martes, 2 de febrero de 2010

Heart of glass



Ví en el cine “Un hombre serio” de Ethan y Joel Coen, mientras escuchaba risas y carcajadas del humor negro que impregnaba la mala fortuna del protagonista, a mí no terminaban de darme ganas ni siquiera de dejar de fruncir el ceño. Y es que ahí enfrente estaba esa historia acerca de cuando las cosas están mal pueden ponerse peor, de que cuando la esperanza se acaba no queda más que seguir la historia despiadada con los ojos llenos de confusión y entre más uno intenta arreglar las cosas mas la caga. O como dice la canción “yo le echo muchas ganas, pero nada me sale bien”.

Confrontar los desastres es cosa nada bonita para mí, intentar ponerme seria mucho menos. Pero de tirarme al drama ya estoy más que cansada pa´ que más que la verdad.

Ya tengo ganas como de ser bonitilla y reirme de las jaladas que hago.


Y pues ayer me fui a sentar a mi lugar favorito en la ciudad, a tomarme mi bebida favorita mientras veía en el espejo el reflejo de mi persona favorita, “yo”.

Así que hoy no quiero escribir de que “conocí a fulanita que primero era tolerante, pero luego…y que a mi si me gustaba un chingo el sexo pero resulta que ni por ahí…y que me pinte de güera para verme buena persona y me cago lo que intenté ser durante dos meses…” no no no, nada de esas mamadas ya.

¿Para que sirve el corazón? para sentir que estoy viva, para eso.


Ahí sentada me olvide de lo de ayer, me fui a mi casa, me pinte el cabello de castaño oscuro como siempre, puse una de mis canciones favoritas para que se repitiera veinte mil veces, saque a mi adorado dildo de la maleta y fuimos felices por horas y horas, ¡es tan bonito!