Recuerdo que el mes de abril me daba miedo, considerando que
en ese mes se me murió un novio, otro me dejó de la manera más cruel cuando ya vivíamos
juntos, unos años más tarde al que era mi marido me lo encontré en la cama con
otra mujer. Opté por encerrarme en esos días para que nada extraordinario me
alcanzara.
En los últimos meses he dicho muchas veces “soy muy feliz”,
para que días más tarde me esconda a llorar en los rincones preguntándome que
estoy haciendo con mi vida. No
tengo miedo de haberme ido y haber dejado. Pero de pronto me ha entrado una
tristeza enorme por algunas cosas que se quedaron atrás.
De niña yo vivía en el Estado de México, siempre veía hacia
el cielo y me preguntaba si los que vivían en la ciudad lo mirarían igual.
Cuando al fin pude vivir en el Distrito Federal me sentía la persona más
afortunada, disfrutaba caminar entre las calles con tanta gente alrededor, de
los cafés, los festivales, los museos, las casas, los edificios. Pero con los años
todo eso termino aplastándome y me sentía la persona mas sola del mundo, aún
cuando tanta gente me rozara el hombro pasando a mi alrededor.
Ahora que vivo en otra ciudad y que he tomado la decisión de quedarme de verdad, de pronto me pregunto si fue la decisión correcta. Si estar huyendo siempre me va a llevar al final a algún lado. Si en el camino voy a encontrar a quien amar y sobre todo, si me voy a querer quedar.
Ahora que vivo en otra ciudad y que he tomado la decisión de quedarme de verdad, de pronto me pregunto si fue la decisión correcta. Si estar huyendo siempre me va a llevar al final a algún lado. Si en el camino voy a encontrar a quien amar y sobre todo, si me voy a querer quedar.