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jueves, 5 de julio de 2012

La terrible decisión de "dejar ir"



A veces uno atrae lo que quiere, no hay duda de eso. Llevo meses con mi crisis existencial, que aparte de quejarme de lo que ya no quiero, no me gusta lo que tengo, simplemente quiero más. Quiero la fama, las luces, el dinero, los viajes, los zapatos, las joyas…bueno, esas no, pero si una bicicleta mil veces más fregona que la que tengo ahora y más cuadros adornando las paredes chiquitas de mi casa de juguete.
Quiero amor, quiero besos, quiero susurros, apapachos, noches en vela mirando a los ojos. Quiero risas, confesiones, caminatas, silencios.
Quiero crear mis propias cosas y que queden tan bonitas que si no fuera porque yo las hago me las compraría para mí. Dibujar más chingon. Seguir cantando sola en las noches porque el eco de la recámara hace que suene más bonita mi voz. Descubrir caras, casas, perros, flores, de todo mientras camino los treinta y cinco minutos que me separan del trabajo a mi casa.
Pero comenzar a hacerlo cuesta y yo traigo muchos lastres cargando y que por más que me hago la fuerte ya no puedo jalarlos más. Mi aferrades a luchar hasta el final por lo que quiero solo me ha traído una bendita enfermedad en el riñón, una colitis espantosa, diez kilos de más, por este último hecho traer la autoestima hecha ruinas, dejar de respirar hasta tres veces al día cada vez que se presentan problemas y no terminar nunca de resolverlos.
Ya no quiero todo ese panorama, y parece que se me concede pues de pronto mi vida dio un giro y en el aire voy tomando decisiones que espero no me vayan a atormentar después. Asi que aunque me cueste mucho trabajo, tengo que soltar lo que me pesa para poder volar, y aunque anhelo eso, dejar ir duele, un chingo.

viernes, 29 de junio de 2012

Acerca de la traición




Soñé que estaba en medio de una batalla, todo lo veía en blanco y negro, cosa que no me desagradaba, hasta me gustaba estar en alto contraste. Tenía dos pistolitas grises muy bonitas, las disparaba con las dos manos y me sentía muy orgullosa de eso, así que solo me dedicaba a ver la manera en que salían las balas sin ver hacia donde iban dirigidas. De pronto me quedé sin municiones y fue hasta entonces que me percaté de mis enemigos, apenas a unos metros de mí. Frente a mi trinchera ví como el jefe se levantaba con su uniforme impecable y sin perderme de vista le llamó a uno de sus soldados, se levantó un hombre delgado y guapo, con su chaqueta llena de insignias, tan negra que me hubiera terminado muchos cartuchos de tinta de mi pluma fuente para dibujarlo. Tenia unos ojos hermosos y oscuros debajo de sus cejas tupidas y delineadas, caminaba despacio hacía mí y yo comenzaba a sentir mucho miedo, primero por ser descubierta y después por la incertidumbre acerca de lo que me iba a pasar. Mientras se acercaba noté que ya no me podía mover y así paralizada lo vi ya de frente.
Mirándonos a los ojos se acerco y pasó su brazo alrededor de mí,  algo susurró en mi oído que no alcancé a entender y así con ese abrazo comenzó a enterrarme un puñal muy lentamente. Yo sentía ese dolor terrible pero no podía hacer nada, más que desear con todas mis fuerzas desmayarme para no sentir esa tortura, pero no paró hasta enterrarlo por completo. Después me inclinó delicadamente y me dejo tirada en el piso, me miro un momento y luego se fue.
Cuando desperté el dolor era una prolongación de la realidad.

jueves, 21 de junio de 2012

A mí me gustaban las flores



A mi me gustaban las flores, verlas en un florero, no los claveles porque me parecen muy ordinarios, me gustaban las Iris moradas con el centro amarillo, tenía floreros por todas partes de la casa donde vivía, pero me duraban muy poco. Yo quería ser cantante, no lo fui, siempre le echo la culpa a mi papá que me lo prohibió cuando estaba a punto de entrar a la Escuela Nacional de Música, ahora reconozco que fue porque me daba pavor cantar enfrente de mucha gente. Después quise ser ilustradora, durante muchos años dije que el culpable de que no lo pudiera hacer fue ese señor con el que viví muchos años, un día me gritó que era una mediocre y que no me iba a mantener, asi que me inventé un negocio raro para subsistir y por su culpa no volví a dibujar nada. Ahora acepto que era claro que no estaba segura de lo que quería y solo me deje arrastrar por las circunstancias. Yo quería ser mamá, no se pudo. Ýo quería tener muchas amigas, y con diferencias, pleitos y reconciliaciones, conservo a mi amiga de la primaria. Yo quiero ser bonita, pero hago lo posible por engordar y verme muy mal cuando mejor debería estar. Yo quiero ser sexy, pero voy con cara de odio en el camino para que no me griten “sabrosa”. Yo quiero ser famosa, y me sorprendo cuando las personas que en verdad lo son, intentan ser mis amigos. Yo le digo a mi mejor amigo que tengo algunos pretendientes, pero solo se ríe y no me cree. Yo quiero a mi mejor amigo, pero ahora esta enojado conmigo.  Yo quiero volver a dibujar, así que me cargo todos los días mi cuaderno y mi pluma para crear todas las flores que yo quiera. A mí me gusta cantar, por eso me la paso solita hasta la madrugada jugando al karaoke con mi ipod. Yo quiero todavía muchas cosas, a veces me da miedo, un chingo de miedo más bien, pero ya no tengo a quien más echarle la culpa para no hacerlas.

sábado, 14 de agosto de 2010

Vigencia


La caducidad de mi interés hacía cosas, afectos o situaciones ha terminado por valerme nada.

En un tiempo, después de recapacitar la manera en la que había desperdiciado mi vida durante años, decidí llevarla al máximo, de manera equivocada pienso ahora, es decir, enfoqué toda mi energía en los gustos carnales; si un hombre me gustaba llegaba se lo decía, le plantaba un beso y hasta le hacía el amor si así me apetecía,. ¿Pero que le sucede a un maniaco de pasteles si lo dejas en una calle llena de pastelerías?, a la mano todos los sabores, tamaños y estilos, día a día probando postres diferentes, y lo peor, con esa sensación de insatisfacción que le provoca probar más y más sin terminar de encontrar el que de verdad le gusta. Hasta terminar hastiado y con la decisión de no volver a comer un solo pastel en su vida.

Bien, algo así me ha pasado a mí, sin embargo las ansias locas de vivir siguen ahí haciéndose un enorme remolino dentro del corazón. Intentando desahogarlo fue como me di cuenta que solo había que cambiar de intereses, de pronto ha surgido una capacidad creadora que entre más descubro más me sorprende, me excita y me hace querer más y más. Lo comparto con mis amigos y se entusiasman; planes y proyectos que me dejan agotada, pero que no hacen más que darme más hambre por descubrir nuevas cosas.

He decidido volver a vivir como si fueran mis últimos días, aprendiendo, planeando, creando y produciendo. Claro, este frasco tampoco tiene vigencia.


Por cierto, ahora prefiero las galletas marías, ¡son tan ricas, firmes y sencillas!

miércoles, 10 de marzo de 2010

Rebeca

Rebeca padece de vértigo, cada noche de las últimas semanas se despierta cientos de veces intentando finalmente aterrizar, su mente le asegura que el cuarto da vueltas, ella se aferra a las paredes que inmóviles le ayudan a estabilizar la conciencia.

Cada mañana de esta etapa sale desvelada a paso veloz, cada saltito es como viajar por un elevador, con la misma sensación de la inercia que la lleva en el sube y baja, intenta disimular con audaces andares los síntomas que la gente termina confundiendo con loca coquetería. Recuerda cuando paseaba acompañada de aquel o de aquella, mal interpretaban los choques continuos por la intención de querer rozar los cuerpos, siempre era un lío que se tenía que aclarar antes de verse acorralada frente a miradas de inesperadas percepciones.

“Un desorden en el órgano del equilibrio” le ha dicho el doctor; “¿Qué más da?” Piensa ella, ha optado por usar tremendos tacones para afianzarse a la gravedad; quizás continúen absorbiéndola y obligándola a mantener los pies en la tierra, o un día de estos simplemente fallen, igual que su estabilidad y finalmente logre salir volando.


Siempre me quise llamar Rebeca, por cierto.

jueves, 18 de febrero de 2010

Cada día pienso en tí, pienso un poco más en tí




Los sueños son para los locos,
por eso los dementes entienden
tan bien a los que sueñan.

Yo: sueño y entiendo