Mostrando entradas con la etiqueta Tan mortal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tan mortal. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de agosto de 2015

¿Porqué debería llorar por tí?


La vida sigue sin ser fácil, aunque a veces así lo esperara. Sigo deseando cosas y en el camino o al final me cuesta trabajo no caer de rodillas sintiéndome ridícula por el solo hecho de haberlas deseado. A veces insisto tanto que llega el momento en que tengo que detener todo para darme cuenta que quizás soy una egoísta por intentar que las personas funcionen en mis deseos. O es algo tan sencillo como el simple hecho de seguir siendo la misma ingenua que piensa que por portarme bien un día se van a borrar todos los errores cometidos antes.
Hoy para mi desgracia, por primera vez en mucho tiempo me encontré arrepintiéndome de las cosas que he hecho en los últimos años, y no sé bien como enmendarlo. En mi intento por cambiar las cosas tomé unas tijeras y me corté un fleco que quiso recordarme alguna época en la que fui feliz. He sacado una de mis libretas favoritas para trazar un nuevo plan maestro, en el que confío exista otra vez el glamour, olores bonitos y tacones altos. En ese plan me encontré de pronto lo que no esperé volvería a pasar. Flashasos en mi mente de eso que amé un día y de pronto cayó sobre mí aplastándome sin remedio y de lo que salí huyendo sin haberlo extrañado en estos diez meses. Hoy extrañé a la ciudad de México, y para ser sincera, no sé que hacer.

jueves, 8 de enero de 2015

La noche me sobra, la luna me estorba, maldita memoria...

 
Me cuesta trabajo adaptarme al clima de este lugar, o a la manera en que las personas se portan con respecto a el.  Vivo en la costa y cuando entran los frentes fríos los vientos son de 80 kilómetros por hora en promedio. A diferencia del D.F. donde solo sacaba mi ropa de frío y continuaba mi rutina, acá la vida se detiene, llevo tres días encerrada haciendo limpieza extrema, viendo películas, dibujando, viendo películas, comiendo, dibujando y viendo películas.  De pronto recordé cuando salía a caminar y me entraba ese frío seco que me recordaba lo sola que me sentía. Acá no me siento de esa manera, ni siquiera siento culpa por no estar en una oficina trabajando con personas importantes. Es más, traigo una sudadera, el short de mi pijama y botas para sentirme abrigada.
De repente me quedo quieta esperando sentir un poco de remordimiento, pero no. Ahora es lo que tengo y lo disfruto, escuchar el sonido del aire moviendo los árboles, las ráfagas de agua que trae la tormenta, asomarme a la ventana y contemplar el verde intenso del paisaje. Ni siquiera recuerdo que a mi familia, es decir mis padres y mis hermanos, les dio exactamente igual que yo me fuera,  ya ni siquiera me molesta no haber recibido ni una llamada de su parte en navidad o año nuevo.
Ahora parece que todo lo que he vivido se quedó atrás, como si hubieran sido historias que yo me inventé. Como si estar parada en una esquina en New York, vivir en Polanco, caminar en Barcelona, sentir el frío extremo en Amsterdam, pasar de un casino a otro en las Vegas, preparar cenas lujosas para diez matrimonios, o llorar esperando que me desalojen de mi departamento hubieran sido sueños de esos borrosos que se van quedando atrás.

jueves, 15 de agosto de 2013

Concupiscente



Cuando iba a la secundaria siempre guardaba dinero para comprarme unas galletas “plativolos” y comerlas despacio mientras caminaba hacia mi casa, me gustaban tanto que las masticaba despacio para que durara mucho su sabor en mi boca, las abría y lamia el relleno de crema, las mordía en trozos pequeños o golpeaba el paquete contra la pared para comerlas en moronas directo de la bolsa. Pero un día decidí que ya no iba a comprarlos nunca más porque me dio miedo pensar que iba a llegar el momento en que ya no me gustaran y se convirtieran en algo ordinario en mi vida, y así fue, nunca volví a comprar unos plativolos.  Además creo que ya ni existen.

Hace poco vi el tráiler de una película donde el protagonista es adicto al porno, si, a ver videos de pornografía, películas porno,  ver religiosamente pornografía en su computadora todos los días; hasta que su novia lo descubre y tienen por supuesto un gran problema. Esto me hizo pensar que tan sano es ver todos los días pornografía, solo ver pornografía de vez en cuando, en  cuantas mujeres ven porno, ¿solo yo tengo mi página favorita porno?, ¿porque nos da vergüenza decir que vemos pornografía? recordé los hombres a los que les hable de eso y se espantaron tan solo por el hecho de que yo supiera del tema, volví a pensar en las mujeres que se horrorizan por ello, ¡bah ellas me dan hueva! no las incluyamos; recordé lo interesante que ha sido poder hablar con un hombre en especial de ello, sin que se espante, compartiéndome su página favorita y después seguir hablando como si nada de lo que sea, donas de chocolate por ejemplo, yo que sé. En fin, el punto es que me puse a analizar si en verdad soy una adicta si todos los días quiero ver pornografía, ¿qué pasa si decido que a partir de mañana ya no voy a abrir mi computadora de manera ansiosa buscando mi link favorito? nada debe pasar;  por eso  señoras y señores he decidido dejar de ver porno… por ahora… o hasta que encuentre algo que sustituya a los añorados plativolos.

sábado, 20 de abril de 2013

La puerta al infierno



Antes creía que tenía poderes psíquicos que me permitían adivinar el futuro de acuerdo a lo que soñaba. Más de una vez soñé con alguna persona y a los pocos días le veía o sabía de ella. Vi en sueños como mi abuela entraba a mi recamara a despedirse de mí justo la noche que murió, yo me enteré de su muerte hasta la mañana siguiente.  Siempre confié que lo que veía dormida era una señal que me permitía estar alerta para lo que iba a suceder, aunque a veces no entendía nada de lo que se me presentaba, por ejemplo desde que era niña sueño  con casas en ruinas en las que yo vivo, son lugares grandes con muchos pasillos y recovecos, recurrentemente llegaba a un punto en la casa donde estaba una puerta grande o pequeña o solo un hueco mal tapado que daba a un pasadizo, desde que lo veía comenzaba a darme mucho miedo y si llegaba a atreverme a entrar sabía que ahí adentro había algo maligno, algo que me inundaba de miedo, como si fuera el infierno y yo me paralizaba por el terror. Entonces en las repeticiones de mi sueño, donde además la casa siempre es diferente y en ruinas, cada vez que llego al lugar que me provoca ese horror, solo retrocedo y me voy de ahí para seguir recorriendo la casa semidestruida, un lugar feo pero seguro.

Quizás no he llegado al punto en el que el psicoanalista me provoque desconfianza, y creo en la mayoría de las cosas que me dice;  mientras tanto me acaba de hacer saber que mis sueños no eran más que anhelos, no predicciones. Si, cada vez que soñé que esa persona que amaba me correspondía, no era que así fuera y él no se atrevía a decírmelo, era nada más lo que yo deseaba que pasara. Y escribo esto con un dejo de sonrisa en mi cara, que triste y que tonta historia la que aqui cuento, haber pensado todos estos años que yo tenía poderes maravillosos para conocer mi futuro y el de las demás personas.
¿De las casa en ruinas y las puertas que llevan al infierno? Yo, prefiriendo quedarme en la oscuridad antes de atreverme a salir a la vida, que me da tanto miedo que la veo como el mismo infierno.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Del mezcal

No es que no me guste tomar alcohol, creo que el punto es que no sé como emborracharme bien. Pa´ ser sincera creo que lo que no me gusta de embriagarme es que siento que llevo desventaja, la mayoría de las veces hablo hasta por los codos y suelto todas las cosas que no debería decir. Un ejemplo, el día que llegué a vivir a donde resido ahora, me llamó la Doña para decirme que me esperaban con una botellita de mezcal para darme mi bienvenida, lo que empezó con presentaciones leves y timidonas con sus amigos y novio terminaron en la NTQVCA dándoles consejos a todos los presentes…si, la mala copa de mí se pone a dar consejos, quizás hasta ahí hubiera sido tolerable sino fuera porque se me ocurrió recomendarle a mi amiga que valorara a su novio, que era guapo, responsable, que estaba con ella ahí y era guapo, y la cuidaba y era guapo, y que lo viera bien porque era guapo, todo eso frente del guapo, quien cada vez más emocionado me servia mezcal tras mezcal, más porque la novia a quien yo tenia abrazada, para que hubiera más toque paternal en mi consejo, lloraba porque si, lo quería mucho y además, efectivamente, era guapo. Después, laguna mental, de verdad que por más que hago no me acuerdo como fue que terminé sentada en el piso cantando canciones de Luis Miguel con el guapo, cha! Después laguna mental y ya estoy sentada en el comedor con el guapo enfrente diciéndome “pues no estas nada mal, con todo respeto”, yo levanto mi cabeza con los ojos entrecerrados, enfocando el obturador para buscar a mi amiga, y de la amiga nada, solo el guapo y yo en el lugar. Y bueno, en ese punto es cuando uno muy borracho muy borracho pero bien que sabe lo que esta bien y lo que esta mal, así que yo tomé mi pared más próxima y mejor me fui derechita a mi recamara, no fuera a ser que el guapo se me pusiera mas guapo y entonces si vale madre la amista´.

Ah, horas después helicopteritis y llegar a trabajar tarde y todavía ebria, jurando que no lo vuelvo a hacer.

Aún con eso, ahora mismo voy por unos mezcales ¿quién va?

lunes, 28 de junio de 2010

Por algo me lo estas diciendo


Mis amigos se parecen a mí, supongo por eso lo son, ambiciosos tras de un sueño, viven solos sin familia y sin hijos. Compartimos sentirnos extraños en esas reuniones donde se habla de colegiaturas y de la ultima camioneta familiar, pero podemos caminar por horas en la noche sin angustia de que alguien nos esta esperando.

Los últimos meses me dedique a vivir en una rutina que me tenía sin cuidado, de la casa al trabajo y de regreso, sin muchas ganas de salir de eso. Aún en mi encierro conocí gente nueva que, insisto, me sorprende se interesen en ser mis amigos. Más allá de un saludo nos hace descubrir similitudes, el punto es, ¿hasta donde seguimos estando solos por verdadero gusto o porque el destino ya nos impuso tremenda soledad?

Aceptar conocer gente me llevó sin querer al mismo lugar tres días seguidos, “La mezcalería” de Orizaba en la Roma me hizo conocer tres historias; con un añejo y dos victorias escuché a dos mujeres y un viejo amigo, entre risas que se convertían en lagrimas y canciones contagiosas, de manera diferente me enseñaron sus vidas, presumiendo primero sus logros y conquistas, continuando con sus anhelos y sus amores perdidos, lo raro fue como cada uno al final intentó convencerme de que si viviamos juntos me resolverían la vida y seríamos felices por los años venideros. Con una libreta, un tour por la colonia Condesa y un disco de Massive Attack me dieron las razones por las cuales me consideran tan buena compañera, aunque luciera media punketa (lo dijo una de ellas).

No recuerdo bien las excusas que dí para levantarme lentamente y salir de ese lugar tan chiquito, “aquí se siente mucho calor” creo que le dije a uno. No encontré algo mejor para no lastimar o herir susceptibilidades.

Ahora aquí sentada en mi cama, con la recamara a oscuras me dan ganas de guardarme otro ratito, no sea que alguien más me vea y le den ganas de llevarme al bullicio, yo que tan a gusto estoy aquí calladita…con todo y mi look de punketa.

sábado, 25 de julio de 2009

A cambio te doy...


¿Porque siempre que termino una relación me tengo que quedar con todos los pendientes?, o sea, si me enoje con mi amiga Chuchis y se quedo con la muñeca que le preste, yo espero que ella, que es la persona decente que creía yo, me la regrese sin necesidad de que yo tenga que pedírselo ahora que no somos amigas.


Pero eso no sucede, voy perdiendo diez mil cosas en el camino cada vez que decido irme o dejo que finalmente se vayan.

Más de una persona me ha dicho también que deje y olvide, pero ¡hey!, ya son muchos olvidos ¿no?


Así saque mi lista de las treinta cosas pendientes y perdidas, le mande un mail a las 8 personas que se quedaron con cosas mías y de las que yo conserve otras, de ínfimo valor para mí y por lo mismo no deseo conservar.

A cada uno le escribí no más de dos líneas, solo negociando lo pendiente, intentando no ser agresiva, y que quede claro que no me interesa verlos o renovar situaciones.


Para mi sorpresa, la mitad me contestaron en menos de una hora, pero lo que me hizo abrir los ojos desorbitadamente fue el mail extenso que recibí a las dos horas, en el que se leían cosas como esto:

Por que tu me faltas
Quiero darle al alma
El consuelo que le falta
Por que el pensamiento
No le gane al tiempo
Y sentirlo que me MATA

El mail fue del señor con el que viví muchos años, y que no veo desde hace dos, me ha enviado 10 mails durante la noche explicándome como se dio cuenta que fue un error dejarme ir y acepto finalmente que yo era su felicidad.


Yo no conteste.


Y me quede pensando…


Y pensando…


Y pensando…


Que los muertos están muertos y en sus tumbas es donde se tienen que quedar, que un abogado es mejor para negociar ciertas cosas, y que NUNCA vuelvo a intentar revivir a un muerto.


Aún así, estaría chido que los demás me regresen mis cosas, snif.

miércoles, 10 de junio de 2009

Comportamientos inmorales


Samantha se horroriza ante comportamientos "inmorales", existe la posibilidad de que piensa asi para cubrir que en realidad ha vivido una existencia bastante aburrida.


Se monta en estupidas teorías solo para causarle remordimiento a quienes si tienen la capacidad de ligar. Lanza discursos sobre su opinión acerca del respeto y ostenta orgullosa su intachable conducta.


Sin vida, Samantha vive detrás de la pantalla, perdiendo diez mil horas, cien mil domingos, enamorándose de escritos y de gadgets, conforme de imaginar echarle sus brazos al teclado. Vive en secreto innumerables romances, llenos de erotismo y calenturas, que impacientes e inundados de emoción trascienden al sexo telefónico. Terminan en el momento que su amado le pide una foto para cerrar ese pacto. Es un círculo vicioso, suelta y se esconde, presume y se tira al piso.


Con facha de oficinista calienta con su enorme trasero la silla, llenando de opiniones su vida. Vida de opinión sin acción, rodeada de más gente insulsa, hipócrita y aburrida que solo mira y critica la televisión.


¡Me alegro tanto de no llamarme Samantha!