viernes, 26 de abril de 2013

How to disappear completely

Lo cabrón de ir a terapia no fue al final hablar de lo que me molestaba y de lo que me dolía, fue el mirar con la cara llena de angustia hacia el muro que enmarca el sillón del doctor, mientras recordé todo lo que había enterrado. Historias de terror ocultas bajo la alfombra y yo bailoteando encima de los cúmulos mal guardados, cayéndome y levantándome, preguntándome porque salen siempre mal las cosas, soñando cosas tan horribles y avergonzándome siempre por eso. Como en esa  canción de Radiohead, “That there that's not me, I go where I please, I walk through walls, I float down the Liffey”
Es como una película en blanco y negro, una de esas que no quieres ver cuando estas solo,  donde esa niña protagonista ni siquiera logro reconocer, pobrecita, ¿podrá superar todo eso? ¿O qué clase de mounstro va a ser cuando crezca? más le valdría quedarse sola y guardarse esa historia.

sábado, 20 de abril de 2013

La puerta al infierno



Antes creía que tenía poderes psíquicos que me permitían adivinar el futuro de acuerdo a lo que soñaba. Más de una vez soñé con alguna persona y a los pocos días le veía o sabía de ella. Vi en sueños como mi abuela entraba a mi recamara a despedirse de mí justo la noche que murió, yo me enteré de su muerte hasta la mañana siguiente.  Siempre confié que lo que veía dormida era una señal que me permitía estar alerta para lo que iba a suceder, aunque a veces no entendía nada de lo que se me presentaba, por ejemplo desde que era niña sueño  con casas en ruinas en las que yo vivo, son lugares grandes con muchos pasillos y recovecos, recurrentemente llegaba a un punto en la casa donde estaba una puerta grande o pequeña o solo un hueco mal tapado que daba a un pasadizo, desde que lo veía comenzaba a darme mucho miedo y si llegaba a atreverme a entrar sabía que ahí adentro había algo maligno, algo que me inundaba de miedo, como si fuera el infierno y yo me paralizaba por el terror. Entonces en las repeticiones de mi sueño, donde además la casa siempre es diferente y en ruinas, cada vez que llego al lugar que me provoca ese horror, solo retrocedo y me voy de ahí para seguir recorriendo la casa semidestruida, un lugar feo pero seguro.

Quizás no he llegado al punto en el que el psicoanalista me provoque desconfianza, y creo en la mayoría de las cosas que me dice;  mientras tanto me acaba de hacer saber que mis sueños no eran más que anhelos, no predicciones. Si, cada vez que soñé que esa persona que amaba me correspondía, no era que así fuera y él no se atrevía a decírmelo, era nada más lo que yo deseaba que pasara. Y escribo esto con un dejo de sonrisa en mi cara, que triste y que tonta historia la que aqui cuento, haber pensado todos estos años que yo tenía poderes maravillosos para conocer mi futuro y el de las demás personas.
¿De las casa en ruinas y las puertas que llevan al infierno? Yo, prefiriendo quedarme en la oscuridad antes de atreverme a salir a la vida, que me da tanto miedo que la veo como el mismo infierno.

domingo, 14 de abril de 2013

El diagnóstico



He encontrado un ejemplo de una persona que representa lo que el psicoanalista dice que tengo. Un hombre viaja en un crucero de lujo, la primera noche del viaje cae una tempestad terrible y el barco se hunde, él en su intento de aferrarse a la vida y sintiendo un terror inmenso, nada con brazadas desesperadas durante toda la noche, golpeándose con los restos del barco y sintiéndose hundir en la oscuridad. Por fin encuentra en su camino un grupo de rocas y permanece ahí abrazándolas esperando que todo termine.  Al amanecer la luz del día le permite ver que hay una isla a unos metros de su refugio, ¿Cuál es reacción ante esto? Se inunda de una tristeza y miedo profundos, recuerda la noche que pasó al borde de la muerte y decide que es más certero quedarse afianzado a las rocas, no importa cuánto sufrimiento le represente esto, porque sin duda, es lo que a él le parece más seguro. Se reprime y se culpa a la vez, sin embargo pasarán años antes de que decida soltarse y nadar hasta la isla, o en su intento crea que es mejor dejarse morir.

Viéndolo así no parece tan complicado, excepto por el hecho de que he pasado cinco años dando vueltas como un perro que se persigue la cola, y en una pausa me he dado cuenta de que no he llegado a nada y el panorama futuro se ve muy parecido a lo anterior si no corto con mi evasión de la realidad.

Son las doce del día del domingo y estoy desnuda sobre mi cama analizando las sombras que se reflejan en el techo, el aire mueve las cortinas y el sol entra de lleno por la ventana, recorro con la mirada la habitación y veo más bonita mi casita que otros días. Es probable que no soy la mejor persona pero las buenas noticias es que tiene remedio el trastorno que tengo y que no quiero mencionar para no estancarme en ello. Soy una mujer a quien parece que le gusta sufrir, escribo y dibujo acerca de mi tristeza, prefiero estar encerrada en mi casa todos los días y si puedo evitarlo no me detengo a conversar con nadie, después sufro mucho porque me siento sola y no sé cómo salir de ahí. No todo es tan malo,  como dice Keaune Reves: “Ustedes necesitan estar felices para vivir, yo no”.

miércoles, 10 de abril de 2013

uno, dos, tres...probando

Extraño de una manera endemoniada escribir en este blog