martes, 31 de enero de 2012

Hogar



Miente quien dice que “Hogar es dondé esta tu corazón”. Eso me la pasé diciendo durante año y medio y no hice más que andar con un montón de maletas compartiendo espacio con la gente más disparatada que se puedan imaginar. Añadido a eso, pues la falsa careta de mi parte de andar de viajera cuando en realidad extrañaba tener un espacio propio, pero seguía pensando que no era una prioridad. Y sufría, así como cuando te duele no tener un lugar bonito para descansar, por no tener ganas de llegar a donde vives, por soportar terribles gustos de mis compañeros para pintar un simple muro, todas esas cosas banales a las que uno no les da importancia pero con el paso del tiempo se empiezan a acumular en cierta amargura, tan solo por llegar al punto de lograr que el Pablo me llevara a la puerta del edificio cincuentero donde vivía y yo no pudiera subirlo hasta mi recamara para darle miles de besos, porque eso no estaba permitido en las reglas. Pero llegar al punto de soñar que la mujer a la que le rentaba entraba una noche a sentarse a mi cama y me enterraba un enorme cuchillo mientras yo gritaba, eso sí fue lo último que aguanté. Fue entonces que pensé que ya estoy demasiado labregona para permitir que esas cosas siguieran pasando en mi vida, y como resuelvo casi todo en mi existencia, sin pensar, así nomás atrabancada, me puse a buscar un rincón cerca del cielo (igual que el que le trajo la felicidad a Pedro Infante y Marga López).

Y así, todo se fue deslizando de manera suavecita, sin forzarse, el primer día en internet lo encuentro, hago cita en la agencia de bienes raíces al siguiente día, me da miedo que sea con agencia porque te piden hasta el pasaporte de Santa Claus, pero me aviento, llega mucha gente a verlo, todos se horrorizan con la fachada pero se enamoran cuando lo ven por dentro, es verdad que la belleza es interior, yo veo el número de edificio y el número del departamento y pienso “es mío” , hago todos los tramites, me llaman, apruebo todos los requisitos, me mudo…

Ahora heme aquí con la mudanza recién hecha, muebles rescatados de las casas donde estuvieron almacenados y yo con mi mini departamentito inmaculadamente blanco, con puertas de madera, piso de duela y techos altísimos, todo solito para mí y la gente (que sin horrorizarse por la fachada) quiera venir aquí: a mi hogar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Cumpleaños

¡Hoy es mi cumpleaños!







Ah y también me gusta el sexo...

jueves, 12 de enero de 2012

Amarre


Hace unos meses una buena amiga penso que era buena idea darme una ayudadita, así que me regalo una escobita mágica que venia acompañada de un conjuro, tenía que pedirle a la luna llena que me trajera el hombre que yo quisiera y entonces guardarla en mi ropa interior y olvidarme de lo pedido. He de confesar que con más sentimiento de ridículo que con verdadera fe hice lo indicado, leí la hoja de instrucciones y a la Luna con voz timida le dijé “Quiero un Pablo”

Pues bien, bola de incrédulos, se me concedió, unas semanas más tarde ya contaba yo con flamante “novio” llamado Pablo, tal cual lo pedí. Se llamaba igual, tenía su misma edad, parecía igual de maravillosamente inteligente, también le gustaban los comics y hasta parecía tener un sarcasmo similar por la vida. Pero tenía un gran defecto, ese Pablo con S, no era el Pablo con J que yo quería. Aún con todo eso me empeñé en hacer las cosas bien e intenté portarme a la altura, pero castigo divino, resulta que ese bizarro personaje que me trajo la luna desde Xalapa, no hizo más que pintarme castillos en el aire y mostrarme un panorama que no existía, ¡ah si hubiera hecho yo caso a los anónimos que me enviaron diciéndome que “estaba comprometido”! entonces no me hubiera llevado las sorpresas que me llevé. Con todo me sentí al final aliviada de haber terminado con esa historia que me inventé buscando en otro lado a mi original Pablo, a quién, odio reconocer, todavía sigo queriendo.

Así en mi intento de “curarme” de el único que tiene atrapado mi corazón, llegué a pedirle ayuda a alguien que se ofreció a leerme las cartas. Miento si digo que no me divertí escuchando mi pasado y mi futuro, ya saben, cosas como “si vas a hacer negocios debes tener cuidado”. Lo importante es que después de escuchar que ese Pablo con J que yo quiero nunca me ha querido a mí, siguieron con la receta para quitarme al fin su embrujo de encima (porque ella asegura que me tiene bajo un terrible encanto). Conseguir una foto, la que yo más quiera y pedirle a la Luna que ya me lo saque del corazón… ¡ah! Y comprarme esencia de rosas y ponérmela detrás de las orejas cada vez que tenga ganas de llamarle para que con el aroma desista de mis intenciones.
Escuchar todo eso me costo trescientos pesos, una ganga por liberar mi corazón ¿oh no?

Pues no, oh estupida de mí, por doscientos pesos más mejor hubiera pagado un amarre de esos que ofrecen en un cartel amarillo debajo del puente de Reforma y el circuito interior, y así poder tener finalmente lo que yo quiero, ¡ja!. Pedazo de tonta, como si fuera tan facil manipular el corazón.

miércoles, 4 de enero de 2012

Amor

Uno no puede olvidar a las personas que ama, aunque a veces quisiera. Puedo leer miles de tratados acerca del tema y simplemente repito una y otra vez los mismos movimientos frente a los que tienen atrapado mi corazón, sin importar las recetas aprendidas.

Podría escribir ahora acerca de la gente que me topo en la vida, que me decepciona por ser tan vulgar, aún más por hacerme a mí ser tan corriente y sacarme el monstruo que traigo dentro. Podría quejarme y decir: esa cosa no existe, solo gente estupida llamándose “amor” en las redes sociales. Puedo escupir por haber sido yo de esa bola de hipócritas y gritarle al cielo “pedazo de mierda mándame ya a alguien que no sea como este último pendejo”, pero hasta eso sería una mediocridad de mi parte.

Lo importante es que mi corazón palpita ahora mismo tan fuerte que me entra una ansiedad terrible y no hago más que portarme como una tonta. Para mí gracia hoy no he podido más que pensar en los cuatro personajes que me hacen sentir así. Tan diferentes y sin embargo, ahora que los traigo a la mente son tan parecidos. No había notado lo delgados que son, su cintura marcada. Lo grandes que parecen sus ojos, quizás sea el amor que me hace verlos así. Su silencio, el saber permanecer callados cuando de sobra saben que los miro. La manera en que admiro el talento de cada uno de ellos. No poder dejar de ver la cicatriz que tienes en la boca. Qué te abraces fuerte a mí cuando lloras. Pedirte que no te cortes el cabello, porque en verdad te ves sexy con ese mechon a punto de taparte los ojos. Apreciar tu empeño conmigo en el trabajo y tu presencia siempre que te necesito. Acariciar tu cabello rubio mientras te sientas a mi lado. Agradecer tu café en las mañanas y tu pan recién horneado. Que después de estos años te siga deseando, creo que cada vez más. Por creer siempre en mí. Admirar tu sencillez y que jamás mencionarás lo famosa que eres. Qué cada uno de ustedes tenga su toque de gente extravagante.

¡Oh, en verdad gracias! por hacerme creer en el amor, porque ¿saben? Aunque no estén presentes siempre o decida irme, los amo, no puedo remediarlo.