“Oh por Dios, ahí esta pensando otra vez en lo mismo”, “yo jamás hablaría de eso”, no me importa lo que digan de mí, igual que hoy en el semáforo, mientras estaba el alto, en lugar de cruzar la calle saqué mi espejo y me pinté los labios frente a todos, si me vierón o no, no me importa, lo hago porque me pega una gana enorme hacerlo, pero ahora no me pega la gana tener sexo. Con tal de no tener que pasar por ese terrible muro de la definición, de que me digan palabras sucias al oído pensando que eso me excita, de que hagan malabares mientras veo aburrida la pared, “¿no que eras muy buena?”, no lo soy, solo me gusta el sexo.
Sin embargo, esto ha terminado inhibiéndome concientemente y he caído en una abstinencia que no veo para cuando terminar. Necesito un escenario que me haga recordar el deseo inmenso de intentar lanzarme hacía unos brazos y devolverme las ansias de sexo, pero no con el aburrido y premeditado “te quiero coger”, ¡no por favor!, quiero pararme frente a él y tener ganas de pelearme tan solo por la tensión sexual que me provoca su presencia, quiero caminar drogada por la sensación de haber sentido el contacto de su brazo junto al mío, quiero mirarlo de reojo y soñar toda la noche que se sentirá morder sus labios. Quiero.