viernes, 26 de marzo de 2010

Lo que espero de mí


Lo que esperan de la conducta sexual esta tan regularizado que solo hay dos o tres sopas para catalogar lo que eres, el problema de decir lo que pienso es que etiqueta mi proceder y si además le añadimos el tabú hacia el comportamiento femenino tenemos que todo esto termina volviéndose falto de espontaneidad.

“Oh por Dios, ahí esta pensando otra vez en lo mismo”, “yo jamás hablaría de eso”, no me importa lo que digan de mí, igual que hoy en el semáforo, mientras estaba el alto, en lugar de cruzar la calle saqué mi espejo y me pinté los labios frente a todos, si me vierón o no, no me importa, lo hago porque me pega una gana enorme hacerlo, pero ahora no me pega la gana tener sexo. Con tal de no tener que pasar por ese terrible muro de la definición, de que me digan palabras sucias al oído pensando que eso me excita, de que hagan malabares mientras veo aburrida la pared, “¿no que eras muy buena?”, no lo soy, solo me gusta el sexo.

Sin embargo, esto ha terminado inhibiéndome concientemente y he caído en una abstinencia que no veo para cuando terminar. Necesito un escenario que me haga recordar el deseo inmenso de intentar lanzarme hacía unos brazos y devolverme las ansias de sexo, pero no con el aburrido y premeditado “te quiero coger”, ¡no por favor!, quiero pararme frente a él y tener ganas de pelearme tan solo por la tensión sexual que me provoca su presencia, quiero caminar drogada por la sensación de haber sentido el contacto de su brazo junto al mío, quiero mirarlo de reojo y soñar toda la noche que se sentirá morder sus labios. Quiero.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El vestido rojo

El día que llegaste a saludarme estaba pensando en los hombres que no quiero en mi vida, los que me subestiman y me mienten y los que navegan con bandera de pendejos y me mienten, cuando me pasa eso por mas fuerte que me quiera sentir me hace ponerme vulnerable; no te dije en que estaba pensando cuando me saludaste y tampoco se porque cuando empezaste a platicarme algo acerca de ti me dieron ganas de llorar, supongo que te diste cuenta, pero te dije que tenía gripa, lo que me pareció extraño fue porque me dan ganas de llorar cuando hablo contigo, yo te escuchaba pues y ya no recuerdo en que momento giro la conversación y te diste el valor para decirme que yo te parecía atractiva, bonita, tampoco sé porque yo en lugar de seguir hablando normal, me pareció tan inesperado lo que me decías, que empecé a sentir como se me iba subiendo la sangre y me iba poniendo roja hasta que el ultimo cabello de la cabeza se puso colorado. Aún así me anime y te dije “ por si no tengo oportunidad de volverte a ver, quiero que sepas que a mi también me gustas y cuando te veo me haces el día”, de pronto me ví desde arriba chiquitita con mi uniforme de la secundaría con la cara encendida y mis lentes redonditos pensando en lo poco apropiado que había sido lanzarte eso, ahí fue cuando comenzaste a describirme el día que me conociste, hace más de un año, como llegué con ese mini vestido rojo y las botas cafés hasta la rodilla, cuando te salude, camine frente a ti y la manera en que descubriste mis piernas, la parte de piel que se dejaba ver. Ya no supe que decirte, si alguna vez has necesitado valor para seguir viendo a los ojos a alguien ese fue mi momento. Supongo que era que estaba vulnerable pero me hiciste sentir tan bien que guardo ese instante de felicidad para siempre. Te pusiste muy contento y extendiste la mano para despedirte diciéndome “disfruto mucho platicar conmigo”.

Hoy volteo a ver de reojo la puerta, pensando que ojala no recuerdes lo boba que me puse y que realmente espero que el viento te vuelva a traer por aquí.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Si sigue por la derecha puede evitarse conmigo, gracias.


"Eres bonita, lastima que seas tan mala"

Dichome en mi cara tan solo porque le cuestione a alguien como se atreve a presumir que tomó un curso de redacción avanzada si escribe tan mal.
"Eres mala y no muy brillante, pero que linda eres"
Un par de días después cuando esa misma persona tuvo oportunidad de descubrir que no soy nada geek.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Rebeca

Rebeca padece de vértigo, cada noche de las últimas semanas se despierta cientos de veces intentando finalmente aterrizar, su mente le asegura que el cuarto da vueltas, ella se aferra a las paredes que inmóviles le ayudan a estabilizar la conciencia.

Cada mañana de esta etapa sale desvelada a paso veloz, cada saltito es como viajar por un elevador, con la misma sensación de la inercia que la lleva en el sube y baja, intenta disimular con audaces andares los síntomas que la gente termina confundiendo con loca coquetería. Recuerda cuando paseaba acompañada de aquel o de aquella, mal interpretaban los choques continuos por la intención de querer rozar los cuerpos, siempre era un lío que se tenía que aclarar antes de verse acorralada frente a miradas de inesperadas percepciones.

“Un desorden en el órgano del equilibrio” le ha dicho el doctor; “¿Qué más da?” Piensa ella, ha optado por usar tremendos tacones para afianzarse a la gravedad; quizás continúen absorbiéndola y obligándola a mantener los pies en la tierra, o un día de estos simplemente fallen, igual que su estabilidad y finalmente logre salir volando.


Siempre me quise llamar Rebeca, por cierto.

lunes, 1 de marzo de 2010

Y ya no me acuerdo si te lo platique porque ya vez que todo se me olvida


Evidentemente no soy muy inteligente, si lo fuera no insistiría en venir con tremendos tacones usando transporte publico, no creo que pueda crear una resistencia antipena para soportar que la gente me vea cuando me caigo bajándome del microbús, por lo menos alguien me ayudó a levantarme, era mujer creo. Lo que me recuerda que tengo pocas amigas inteligentes, hablo de esas que leen cosas bien complejas, lucen intelectuales, usan lentes con los cristales eternamente sucios y hablan tan maravillosamente que me voy haciendo chiquita pensando “oh, yo jamás podría articular esa compleja frase”, que atractivas para mí, tengo una que así es, no le digo que la idolatro porque sino yo perdería la gracia que tengo hacia ella, que dice que soy chistosisima, cuando me lo dice intento recordar que cosas chistosas hago con ella, pero luego me detengo si no además de perder mi virtud y frescura me volveria predecible. También cuando caminaba con mi tobillo adolorido por la caída del micro me acordé que una vez un cuate que leía mi blog me contactó para conocerme y pensó que yo era una mujer fatal que solo se tomaba un café contigo y en lugar de postre te hacía el amor, no fui lo que esperaba, ni hermosa ni rica ni pobre ni nada, aunque sinceramente después del postre si me gusta mucho hacer el amor, que me lo hagan y yo hacerlo, o yo hacerlo sola o yo solo hacerlo. Lo que yo recuerdo de él es que si era muy feo, hasta le mande una foto a un amigo donde decía “checa, es feo, pero me cae re bien”, pensé que podríamos ser buenos amigos y en lugar de eso él escribió un tratado acerca de sus preferencias hacia las mujeres que usan tenis y no por las falsas que usamos tacones. Lo que me llevó a pensar en lo intolerante que nos volvemos, alguien que dice que me quiere, por ejemplo, odia que yo escriba, le avergüenza que la gente me lea y me pregunta si no me da pena lo que van a pensar de mí, todas mis desgracias, según él, se las debo a este blog, no me deja dinero y me quita el tiempo, por todo eso amenaza con contratar un hacker para que lo desaparezca, yo en lugar de hacerle caso sigo escribiendo, lo que me recuerda, invariablemente, que a veces no soy muy inteligente.