jueves, 8 de enero de 2015

La noche me sobra, la luna me estorba, maldita memoria...

 
Me cuesta trabajo adaptarme al clima de este lugar, o a la manera en que las personas se portan con respecto a el.  Vivo en la costa y cuando entran los frentes fríos los vientos son de 80 kilómetros por hora en promedio. A diferencia del D.F. donde solo sacaba mi ropa de frío y continuaba mi rutina, acá la vida se detiene, llevo tres días encerrada haciendo limpieza extrema, viendo películas, dibujando, viendo películas, comiendo, dibujando y viendo películas.  De pronto recordé cuando salía a caminar y me entraba ese frío seco que me recordaba lo sola que me sentía. Acá no me siento de esa manera, ni siquiera siento culpa por no estar en una oficina trabajando con personas importantes. Es más, traigo una sudadera, el short de mi pijama y botas para sentirme abrigada.
De repente me quedo quieta esperando sentir un poco de remordimiento, pero no. Ahora es lo que tengo y lo disfruto, escuchar el sonido del aire moviendo los árboles, las ráfagas de agua que trae la tormenta, asomarme a la ventana y contemplar el verde intenso del paisaje. Ni siquiera recuerdo que a mi familia, es decir mis padres y mis hermanos, les dio exactamente igual que yo me fuera,  ya ni siquiera me molesta no haber recibido ni una llamada de su parte en navidad o año nuevo.
Ahora parece que todo lo que he vivido se quedó atrás, como si hubieran sido historias que yo me inventé. Como si estar parada en una esquina en New York, vivir en Polanco, caminar en Barcelona, sentir el frío extremo en Amsterdam, pasar de un casino a otro en las Vegas, preparar cenas lujosas para diez matrimonios, o llorar esperando que me desalojen de mi departamento hubieran sido sueños de esos borrosos que se van quedando atrás.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por alguna razón, al leerte, vino a mi esta canción:
http://youtu.be/JIrm0dHbCDU

Anda, no "azulees"... en tu cumple te marco...

Merar dijo...

:o
Viví casi 19 años en un lugar donde las lluvias y los aires a grandes velocidades eran cosa de casi todos los días, o al menos, 200 veces al año. Al cambiarme al DF, el frío y el ambiente seco me hizo extrañar lo que describres...


Saludos