Abro los ojos cada día y te encuentro en todas partes, salgo a la calle y tu perfil se aparece entre el tumulto de gente, me apresuro solo para descubrir que no era más que un chico medio parecido a tí; un día me subí a un taxi y por el retrovisor aparecieron tus ojos, con esa cejas alzándose ante la pericia de sortear los carros en el trafico, pero no, no eras tú, cuando me di cuenta llevaba el ceño tan fruncido que el taxista se espantó un poco. Subo al metro y te veo escapándote por la escalera, nunca logro alcanzarte y mejor me detengo para ver como vas desapareciendo. Incluso estando sentada en una banca llegas y te sientas a un lado, nos quedamos calladitos viendo hacia el frente, espero un rato sin respirar para que no pase nada que te lleve, pero decido levantarme sin mirar para no toparme con que no eres tú. Hace un tiempo que decidí no jugar más a tenerte en todos lados sin que nadie lo supiera, fue cuando hallé que había amado a alguien demasiado común y esa era la razón de que te viera por doquier…no volví a hablar de ti.
Pero veraz, no se que hacer, hasta en eso te extraño, tal vez no sabes lo que eres para mí, dime cuantas veces te lo tengo que decir, la razón de no encontrar a nadie más en mi vida es que ninguno es “tú”.