lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad

A las diecinueve horas del veinticuatro de diciembre llené el formulario para registrarme en la recepción de conocido hotel en el centro de la ciudad de México. Puede parecer triste contar que estuve sola hospedada con las cortinas cerradas los dos últimos días de este mes, pero no, de entrada la gente que se victimiza todo el tiempo me caga, así que evito hacerlo. Pasarme así esta navidad fue el mejor regalo que me pude dar, aunque algunos se preocuparon llamándome para que recapacitara, se quedaron tranquilos cuando me escucharon decir: neta que estoy bien.

Este año se fueron situaciones y personas que al final creo que nunca me gustaron o sencillamente no eran para mí, ahí mi aferradez se puso bien flojita y sin complicaciones dejo ir lo que se tenia que ir.

Algunas me costaron trabajo, como que me expulsaran de un blog por no cumplir con la burocracia. Que no pude ir al cumpleaños de mi mejor amigo que se celebro a unas cuadras de donde yo estaba trabajando. Haber faltado a la reunión de la universidad, aunque fuera para confirmar que nunca me hallé en ese lugar. No haber visitado a mi familia en estas fechas donde la mercadotecnia manda regalar un chingo de afecto a nuestros seres queridos. Haber cancelado la reunión que les había prometido a mis alumnos, quienes por alguna razón que aún no descubro, me aman. Que mi novio terminara conmigo por facebook y yo después de leer su mensaje haya seguido trabajando con la misma terrible presión, o sea, como si nada.

¿Todo eso a cambio de qué? Pues eso solo yo lo sé y con eso basta, pues después de haber estado en ese hotel durmiendo lo que se me dio la gana, tomar un baño eterno en la tina, ver todos los programas cursis en la tele que quisiera, llamar al room service mil veces, inventarles historias a los empleados del hotel cuando me preguntaban porque estaba ahí sola esas fechas y hasta brincar un buen rato en la cama, solo puedo concluir que me quedo en extremo orgullosa de mí, y eso es tan chingón que repito, con eso basta.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mediocre


Las cosas que dejo sin final, sin terminar, me crean un hueco terrible existencial, es hora que mil años después, sigo soñando que a mi edad voy a la primaria con mi falda de rayitas azules y repruebo todos los exámenes; se lo debo a que no me titulé en la universidad. De los cuarenta y cinco alumnos de esa generación de Diseño Gráfico sólo cinco cuentan con su cédula, el resto se consuela con la idea de que nuestra carrera no necesita un titulo para demostrar si eres bueno en esto.

Llevo cuatro semanas trabajando día y noche, duermo unas horas y sigo, decidí mudarme al trabajo para no perder tiempo trasladándome a donde vivo, el problema es bañarme, pero con el clima frío puedo tardarme cuatro días en hacerlo y solo desperdicio dos horas en eso, ya sé, pinche mugrosa. Todo el día debo trabajar cinco veces más rápido que lo normal, necesito coordinar a la gente, atender a los clientes, diseñar una línea propia y sentir que me quiero morir de cansancio y estrés viendo mis dead line pasar una y otra vez, jamás termina, eso mientras les digo a mis colaboradores que todo esta excelente y que son los mejores. Intento a toda costa ser perfecta y veo con mi ojos enmarcados en horribles ojeras el resultado de mi trabajo, mientras tanto, la vida pasa. No veo a mis amigos a menos que vengan a traerme café y los despacho en un minuto. Me estorba hasta el cabello largo que siempre traigo amarrado y hecho un lío. Mañana lo corto, lo juro, elijo dejar de aferrarme a él. No me detengo a pensar que diablos estoy haciendo y para que, para que me aferro tanto a las cosas en la vida

¿Para qué?

Me sentí tan especial

que ingenua mi torpeza.

Por mi parte que mediocre…

martes, 6 de diciembre de 2011

Conmiseración

“En la vida quien no ha amado no tiene una cicatriz” o algo así, yo tengo una relativamente nueva en la pierna, me recorre quince centímetros y dudo mucho que fuera por amor, pero en fin, me consuela que la tenga para demostrar que si he amado. Me la hice de una manera tan estupida que prefiero inventar que fue gracias a que estaba en medio de un cruce de fuegos. Cuando tenía las gasas con la curación subí las piernas a mi mesa de trabajo y les saqué unas fotos que subí a facebook, inmediatamente salieron los asustados criticándome por estarme exhibiendo, solo porque salían mis piernas. ¿No les pasa que a veces sienten que viven en el lugar equivocado? Ojala bastara darle eliminar a tu facebook para librarte de la gente que nunca siquiera te ha interesado. Ojala hubiera más gente loca haciendo que gire la vida de verdad, ojala tuviera yo los huevos para dejar de preocuparme por los demás. Elijo blogs como el de Mariana o el de Violet, donde las mujeres de verdad son inteligentes y eso para nada les achica el corazón. Un dia le voy a cambiar el nombre a mi blog por "las mejores piernas" y voy a andar tomando fotos por ahí para subirlas, hasta que me canse claro esta, que a mí al final todo termina aburriendome y no me quedará más que reinventarme, otra vez.

lunes, 5 de diciembre de 2011

A la mierda

Lo que más me gusta de tener un blog es que siempre he venido a escribir aquí lo que se me da la gana y cuando se me da la gana. Lo que menos me gusta es que la mayoría de las veces es que vengo aquí cuando me siento mal o triste. Pero bueno, a las cero horas con treinta y cinco minutos, encerrada en la oficina, con la mitad de la gente que me conoce no entendiendo porque trabajo tanto y la otra mitad tan metidos en lo suyo que no puedo verlos, es hora que no entiendo en verdad porque me aferro tanto a lo que según yo me gusta demasiado. No me queda más que venir otra vez con lágrimas que ni siquiera me dejan ver la pantalla y escribir que en verdad hay días que no entiendo nada y quisiera con muchas ganas que ya se termine todo y se vaya mucho a la mierda, todo y todos.


Empezando por mí