martes, 30 de noviembre de 2010

Tócame otra vez

Estoy segura, en verdad no tengo duda, me gustan los hombres, acepto haber sido sorprendida alguna vez viendo de reojo el trasero de alguno; haberme deleitado, sentada junto a otro, solo viendo sus piernas; cerrar los ojos embriagándome con el aroma del de enfrente; ver unos labios gruesos y olvidarme de lo que hablan mientras los recorro despacito con la vista; todo eso lo acepto. Mi pinche problema (porque si, la verdad es que es muy pinche) es que ya no me gusta estar cerca de ellos, eso también lo acepto. Puedo caminar del brazo por horas con mi mejor amigo, esto esta muy bien, ya hasta me ha tomado el ritmo de ir chocando conmigo o de que me cargue cuando me tropiezo que es bastante frecuente. Pero ayer mientras mi mente olvidadiza se lamentaba de no sentir una caricia en un buen rato, recordé que si hay tres hombres ahora que pretenden apretar mis huesitos, ¿Por qué lo olvidé? Los imagino como a tres perros, dos pequeños, uno flaco y otro regordete que solo brincan alrededor hostigándome sin dejarme seguir mi camino, el otro un perro grande que lo que hace es encimarse en mí para que no siga caminando. Los tres durante la semana pasada tuvieron oportunidad de verme, no porque hubiéramos quedado sino porque tuvieron la terrible idea de sorprenderme con su visitas, en algún momento a los tres se les ocurrió que si me tocaban la mano mientras me veían fijamente a los ojos yo quizás caería a sus pies rendida de amor o yo que chingados se que pensarían, lo que provocaron fue una sensación horrible que todavía conserva mi manita de tener encima otra mano que no esperaba y una caricia que no quería, el rechazo fue instantáneo y mi cara no pudo disimular la angustia de sentir rodeada mi cintura o esos dedos acariciando los míos, aquella sonrisa cómplice que llegue a tener alguna día mientras algún hombre me demostraba sus intenciones desapareció para ver pasar el terrible sentimiento de rechazo.

Por la tarde mientras caminaba al trabajo ví de lejos a aquel vecino que me gustaba por flaquito, cuando noté que me había visto preferí cruzarme la calle antes de tener que saludarlo y sentir otra vez una mano. Que pinche.

martes, 23 de noviembre de 2010

Up date a las 4:35 de la mañana

Como mis tiempos libres se convirtieron en los tiempos para sacar pendientes aproveché que me despierto en las madrugadas para postear, esto o dejar que los ataques de ansiedad que me están torturando se apoderen de mí, eso no se lo he dicho a nadie (no se lo cuenten ustedes a otros), pero es que ¿a quien se lo puedo platicar si lo que espera de mí la mayoría es que yo resuelva las cosas?. El otro día estaba yo tranquilita, hasta que vi y leí algo y me acordé y extrañé y confirmé que me gusta un chingo el sexo y yo ahí arrumbada, me estoy volviendo workaholic y mi vida se limita a planear el trabajo, y a trabajar, claro esta; debería tener un instruccionario llamado “Como conocer, seducir, conquistar y lograr echarse a ese buenon que le gusta en cinco pasos sin pasar por una hija de la chingada”, pero hasta eso se me ha olvidado. Hace unas semanas un amigo muy guapo me dijo que acababa de terminar con su novia porque no estaba seguro de si ella era conveniente para él, platicamos, nos tomamos algo, coqueteamos, al final le dije “¿qué es conveniente?, si encontraste el amor en ella no la dejes ir!”. Ayer me enteré que se van a casar, ¡pedazo de tonta!

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡Demonios!

Ya no me acordaba de esa sensación de estar parada en el abismo y contar hasta tres antes de intertar saltar, no sé porque no lo recordaba sino hará más de unos meses que fue la ultima vez que lo intenté. Sería que me detiene una persona que ha estado conmigo, me recuerda lo que me gustaría tener para mí, y ahí esta a un ladito, pero no es mío, ¿quien es de quien?.
Se siente bien raro cuando el aire pasa bien fuerte frente a tu cara y te mueve toda la melena y tú en lugar de asustarte sonríes pensando que nada faltaba para que dieras un paso adelante, nada.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Casi perfecto

Juan escribe historias tristes, mientras lo hace se le nublan los ojos de tanto llorar, porque bueno, entre tanta tristeza le agrada reconocer que son buenas; tan es así que los miembros de ese grupo de depresivos al que va desde hace meses las esperan ansiosos. La primera vez que asistió esperaba encontrar gente llena de posibilidades que le contagiaran de ganas de vivir, al contrario de eso, solo se sumía en la angustia que descubría en sus compañeros. Un día se le ocurrió contar una de sus historias, el resultado lo dejó maravillado, a partir de entonces le esperaban con una euforia extraña que los arremolinaba frente a él para escuchar atentos cada floritura que les hacia sufrir. Juan en un principio no sabía si continuar, pero después dedicaba horas enteras a crear con exagerada minuciosidad cada nueva frase que contarles, salía a la calle en busca de ideas, de gente, de ojos, de gritos, de llantos; regresaba vehemente con total empeño de llevarles el mejor de sus escritos.
Pero ya saben, como toda trágica historia, llena de abatimientos y desánimos, Juan encontró que ya no debía estar ahí, lo que un día le causo bienestar, se volvió una repulsión cada vez mayor; mirar de reojo como iban pasando los pañuelos para limpiarse las lágrimas, escuchar los llantos de ese calvo de lentes le provocaba el insano deseo de levantarse a golpearlo para que se callara de una vez.
Sin ánimo de provocarles a ustedes un decaimiento parecido les contaré que esta historia tuvo un final feliz, Juan continúo cumpliendo cada tarde de la semana, a sembrar melancolía y a ver crecer sufrimientos. Los domingos con mucho gusto y podríamos decirle, felicidad, asiste a su grupo de sádicos anónimos a alardear como es que hace padecer a esos tontos depresivos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"La mosca que soñaba que era un aguila"

Me compré en una venta de garage tres libros de Augusto Monterroso y me los devoré en 2 días, ahora tengo esa sensación de cuando pides solo una rebanada de pizza y cuando la terminas resulta que quieres más.

Ayer caminé por horas con Daniel, hacía unos meses que no lo veía, lo invité a tomarnos una cerveza, aunque fuera lunes, intenté portarme animada y pedí dos cervezas, al final de la segunda ya me sentía muy mal y con mucho sueño, soy un fiasco de alcohólica.

He notado que hago muchos planes profesionales, pero de mi vida personal sigo sin visualizar nada, empezaré por planear un cambio de casa para resolver todo lo bueno que esta sucediendo en el trabajo…lo hice otra vez.

Ya cumplí 4 meses en la escuela, decidirme a estudiar algo nuevo me costo años de buenos pretextos, ahora es como una adición que me causa una euforia tremenda, solo quiero seguir y seguir.

Me entró la loca idea de cortarme el cabello, chiquitito, entré al salón, me senté, cuando me preguntaron como lo iba a querer les dije que solo quería dejarme crecer el fleco.

Entre la lista de lo que más me desagrada en la vida, son los hombres chismosos, el otro día me tocó comer donde estaba un hombre muy guapo, tenía atentos a todos los comensales con su historia de porque no se fue a vivir con su novia, lo que decían sus abuelitos al respecto, lo que hace su mejor amiga, con cuantos se ha acostado, porque no lo han hecho entre ellos, que terrible maldición que nadie le diga que no hay nada más atractivo que un hombre discreto y misterioso.