Ayer fue un día hermoso, con el cielo despejado me puse un vestido corto de color
azul y me fui a una fiesta a dar el discurso en honor del festejado. ¿Saben
cuantas veces había hecho eso en mi vida? Nunca. ¿Las veces que había visto
conmovida discursos en mis películas favoritas, sola en una habitación? Cientos.
Frente a más de cien invitados me lancé con mis zapatillas altas y un microfono más segura que nunca, cuando comencé a escuchar risas, luego miradas de emoción y al final sonoros aplausos con los invitados de pie, fui a abrazar al festejado que ya tenía lágrimas corriéndole de sentimiento. Y en ese momento fui más feliz yo que el homenajeado y todos los que estaban ahí.
Frente a más de cien invitados me lancé con mis zapatillas altas y un microfono más segura que nunca, cuando comencé a escuchar risas, luego miradas de emoción y al final sonoros aplausos con los invitados de pie, fui a abrazar al festejado que ya tenía lágrimas corriéndole de sentimiento. Y en ese momento fui más feliz yo que el homenajeado y todos los que estaban ahí.
Soy muy feliz y mi corazón tiene una nueva tranquilidad, no puedo más que dar gracias por eso
2 comentarios:
Cuando uno estima a esa persona, el asuntechi es dificil pues hay que rebuscar las palabras.
Besos
Que bueno chica porque no es nada sencillo hablar en público y menos en las condiciones que mencionas. Felicidades.
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