La vida sigue sin ser fácil, aunque a veces así lo esperara.
Sigo deseando cosas y en el camino o al final me cuesta trabajo no caer de
rodillas sintiéndome ridícula por el solo hecho de haberlas deseado. A veces
insisto tanto que llega el momento en que tengo que detener todo para darme
cuenta que quizás soy una egoísta por intentar que las personas funcionen en
mis deseos. O es algo tan sencillo como el simple hecho de seguir siendo la
misma ingenua que piensa que por portarme bien un día se van a borrar todos los
errores cometidos antes.
Hoy para mi desgracia, por primera vez en mucho tiempo me
encontré arrepintiéndome de las cosas que he hecho en los últimos años, y no sé
bien como enmendarlo. En mi intento por cambiar las cosas tomé unas tijeras y
me corté un fleco que quiso recordarme alguna época en la que fui feliz. He
sacado una de mis libretas favoritas para trazar un nuevo plan maestro, en el
que confío exista otra vez el glamour, olores bonitos y tacones altos. En ese
plan me encontré de pronto lo que no esperé volvería a pasar. Flashasos en mi
mente de eso que amé un día y de pronto cayó sobre mí aplastándome sin remedio
y de lo que salí huyendo sin haberlo extrañado en estos diez meses. Hoy extrañé
a la ciudad de México, y para ser sincera, no sé que hacer.