viernes, 29 de octubre de 2010

Y a veces pasa


A veces la tristeza es una cosa rara que se te agolpa en la cabeza y se te mete a los ojos y se te salen un montón de lágrimas que se confunden con los días lluviosos, como hoy.

Y no entiendo como pasa eso, si tu corazón se convirtió en un pedazo de no se qué, que por más que sacudes ya no siente nada, pero aún así te pones triste.

Y sucede que todavía hay una persona que te busca y te confiesa que todos los días piensa en ti; creyendo que no esta tan mal, lo acompañas a un evento, solo para comprobar que sigue siendo famoso, que sigue teniendo fans y te sientas a un lado de la gente que se junta con él, que no es la que va a los lugares de moda, sino que son los dueños de esos lugares, y él orgulloso te presenta con todos y vuelves a estar entre copas de vino, entre flashazos que antes te fastidiaban y hoy a diferencia de ayer, sientes que es como un juego. Y pasa que te lleva a tu casa diciéndote en el camino que cada día te extraña más y yo aunque lo vea tan frágil, y aunque a veces me siento tan pinche sola, me doy cuenta que por más que haga, la verdad, ya no puedo quererlo, y aunque me duele dar el primer paso, me bajo del carro y me voy caminando, tan común como siempre y con más frío que de costumbre.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Common people


En mi condición de peatón, gracias a no tener carro desde hace dos años, me he resignado a viajar en transporte publico, y menciono “resignar” porque realmente me fastidia bastante todo eso de subir, bajar, caminar, ir parada, chocar con la gente, tener encima otras más y sobre todo, realizar la peligrosa proeza de bajarte de un microbús si al chofer se le ocurre no parar por completo por más que le pongas cara de angustia para que vea que traes tacones; a eso añadirle que se me olvida que no debo mirar a las personas como si estuviera viendo un cuadro, es decir, si alguien me llama la atención pues me parece normal verlos a los ojos, a las cejas, a las orejas, a los anillos, al dobladillo descocido, a la bolsa enorme, a los zapatos sucios, a los tacones altísimos; eso aplica igual a una anciana, a una adolescente, a un hombre guapo, a una señora con sus hijos; a mi me parecía normal, hasta que un día una mujer, que quizás tuvo un mal día, me cuestionó que qué chingados la veía, yo con mis orejas rojas le dije que me recordaba a alguien, falso por completo pero tenía que salvarme de morir en sus manos y salir al otro día en el periódico anunciando “lucha de mujeres en el metro, una pierde la cabellera”, eso sin contar los galanes que piensan que si los miras más de 3 segundos ya quieres algo y te van siguiendo todo el transborde preguntándote si estudias o trabajas, cuando es claro que ya tengo cara de maestra. Claro que cuando puedo tomar un taxi me trae la misma felicidad que cuando me voy a peinar al salón el cabello, pero como es algo que me gusta mucho, no quiero que me hablen, solo quiero disfrutar ir viendo las calles y la gente, ¡pero no! apenas te subes al taxi, das las instrucciones del lugar del destino y una ruta probable y ahí van, “que guapa estas amiga, ¿como te llamas?”, ¡pero si hoy ni me peine!, y ahí van a echarte a perder el viaje, ¿porqué hacen eso?, señores limítense a hacer su trabajo, claro que pasa por mi cabeza el bajarme, pero eso implica un dinero adicional y sobre todo luchar con 2 o 3 más para abordar el siguiente carro que pase libre. Al principio contestaba sus preguntas con la verdad, pero si decía que no tengo novio me pedían el celular y me invitaban a bailar, es más ni me cobraban el servicio argumentando que yo invitaba el café cuando nos viéramos, y ahí estaba yo de tonta intentando explicarles que no podía aceptar. ¿Ahora que hago?, bien rápido, “que guapa esta amiga”, a lo que yo contesto, “Lo mismo piensa mi marido, bájeme en la siguiente esquina”…que tengo que caminar más, pues si, pero a la larga eso te ayuda a tener buena pierna.

sábado, 16 de octubre de 2010

Té para el frío

A Aurora le gusta tomar té con leche, lo hace por la mañana y repite en la tarde para calentar las manos frías; este día camina torpemente intentando en vano que la bebida no se salga del vaso, ha aceptado ir a un bar para ver a alguien que apenas conoce, porque tiene más frío que de costumbre, porque tiene ganas de sonrojarse otra vez, quizás desvie la mirada tímidamente cuando note que él sonríe mientras la mira, se le antoja que él con los dedos le quite el fleco de la cara, le encantaría que cuando salieran de ahí él se acercara despacio con olor a la cerveza que habían tomado y la viera a los ojos un largo rato, sin embarrarse en sus labios, le haría feliz que caminarán horas hablando de nada mientras él fuma y cierra un poquito los ojos cuando exhala el humo del cigarro, ella le prometería entonces hacerle un dibujo desnudo, esperando ver su reacción; lo llevaría a su casa y ahí le acariciaría las cejas despacito, lo acostaría de espaldas y le daría besitos suaves en el hombro, dormirían juntos y soñaría con él, lo amaría toda su vida. Al otro día, despertaría con la ilusión de pasar sus manos por su estomago lisito, pero solo va a llorar cuando se de cuenta que se fue y no va a estar nunca más.

Aurora llega ligeramente tarde a la cita, se queda parada en la puerta del Bar, lo piensa un momento y gira despacito los tacones hacía otra dirección, mete las manos frías al abrigo y extraña su té mientras se aleja del lugar. Regresa temprano a casa y se recuesta cerrando fuerte los ojos, espera, como hacía tiempo no hacía, no volver a despertar jamás.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Amor, sexo, que se yo!


El amor es la respuesta
,

pero mientras usted la espera,
el sexo le plantea unas cuantas preguntas.
Woody Allen

Si no, siempre se pueden aprender otras cosas

Puchele por aquí

miércoles, 6 de octubre de 2010

Por aquí me puede encontrar

En últimos tiempos he quitado la mayoría de fotos de mi blog para permanecer de manera anónima, tengo algunos contactos de aquí agregados en otras redes sociales, porque somos personas que nos dimos esa confianza, aunque no falto alguno que me pusiera en el muro de facebook “¿Sigues igual de sexosa?” cuando en ese mismo enlace tenía comentarios de mis hermanos, en fin.

El lío es que hace un par de semanas recibí una llamada de alguien, que sinceramente creo que no tiene otra cosa mejor que hacer que meterse en la vida de los demás, para decirme que la gente que antes estuvo conmigo me había encontrado en Internet, que habían leído un blog que escribía y que estaban espantados, “¿Y que exactamente les espanta?” le pregunté, “Que escribes de ellos y hablas de todos tus amores desde que ya no estas con X”…

En ese momento sentí que la sangre se me subía a la cabeza, y no porque se espantarán, ni porque escriba de ellos, jamás lo he hecho, ¡sino por lo pendejos que son al decir que mi blog habla de todos mis amores! ¿Que no leyeron el titulo del blog? ¡"No tiene que ver con el amor"!, me tranquilicé cuando recordé que alguna vez intenté explicarles que ser culto no era tener un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Aún así no puedo negar que me entró la paranoia, más cuando fuí a la misa del papá de un amigo y en plena ceremonia me pregunta si sigo de sexosa…había encontrado el blog, toda la fila de enfrente volteo a verme y yo me quedé muda.

Y es que resulta que ya me llamó alguien para decirme que si me googleas encuentras lo que escribo.

¿Pero que voy a hacer?, créanme, si alguna vez nos tomamos un café no los voy a seducir ni voy desnudarme frente a todos, es más, yo diría que soy bastante aburrida y hasta ñoña, eso sí, tengo un pinche carácter del demonio, ni modo.

Me han recomendado cerrar el blog y no niego que lo estuve pensando, esta sería la tercera vez que lo planeo, en esas estaba cuando recibí el correo de dos personas que me han invitado a escribir en su espacio, a estas alturas me ha sorprendido y quizás ellos no lo sepan, pero me ha inundado de felicidad que se traduce en ánimos para todo.

Pa´pronto, ya estoy bastante labregona para preocuparme por lo que piensen los demás de mí, me halaga en verdad que me lean todos ustedes y dejen todos sus comentarios, aunque a veces el trabajo no me deja tiempo para visitarlos o contestarles. Los correos que recibo, de igual manera, me hacen sentir muy bien, les doy las gracias por seguirme y si ustedes quieren seguir viniendo, aquí estoy yo para rato.

Gracias totales.