lunes, 3 de junio de 2013

Debería y no debería

 

Uno no debe andar por la vida contandole a la gente que va a un psicoanalista, de inmediato pasa por su cabeza una infinidad de razones por las que creen que uno esta zafado del coco. Y en el momento menos indicado pasa que ahí están volviéndose expertos y de pronto me veo siendo diagnosticada por cada cosa que hago o digo. El más reciente ejemplo este fin de semana, en el que alguien tuvo a bien decirme que yo hice, tramé y elaboré un sofisticado plan tan solo para cansarlo y hacerlo desistir de mi compañía, de esa manera cumplir con mi patrón de alejar a todos los seres que me aman y quedarme con los que me hacen sufrir y me desprecian. No dí respuesta a tal argumento porque me pareció en exceso ridículo, eso si, le ayudé a reforzar su teoría terminando con nuestra relación de amistad.
Mi reacción ante eso fue, ninguna. No creo que tiene razón, no me siento mal, no me conmovió cuando lloró en la despedida, ya estoy harta de diagnósticos.
Pensé en que iba a ir al psicoanalista este lunes en la noche y le iba a platicar lo que pasó, él me iba a decir que mi victima tiene un argumento bastante acertado considerando que yo siempre alejo a las personas. Recordé todas las veces que me han dicho eso en mi vida y yo lo sigo haciendo por las simple y sencilla justificación de que ¡yo soy así! ¿Y para eso voy a ir a pagarle a alguien? ¿para que me lo diga por milésima vez?
Hoy lunes por la noche no fui a mi cita con el psicoanalista, a pesar de que tenía un sueño buenísimo que contarle acerca de que iba yo en el metrobús atestado de gente, desnuda y leyendo un libro de cuentos rusos en voz alta y no me daba pena. En lugar de ir con él me fui a cortar el cabello y a hacerme manicure con el dinero de la consulta y no saben que bien me siento.

3 comentarios:

maldito desgraciado dijo...

Cúrese usted mismo. :)

Unknown dijo...

Yo fui un año y medio una vez a la semana religiosamente y me sirvió mucho. Me dí cuenta que estaba medio perdido, pero al final me encontré de nuevo. Dejé de ir cuando acepté que yo soy y por ello tengo valor y segundo que la loca de mi esposa está enferma y no tiene solución. Así es que seguir uno su vida y dar buena cara a lo del alrededor es lo que tenía que hacer. En ese momento sentí que ya no debía ir y desde entonces me siento bien.

Anónimo dijo...

Yo prefiero sexo que ir al sicólogo

Una tarde medio lluviosa como está

sobre un sillón

luego la cama