Intento no ser tan amargada y huraña, pero no me acuerdo bien
como se hace.
Cuando iba en la preparatoria me volví una de las chica más populares, después de una mala experiencia en la secundaria de pronto mi cuerpo se espigo y yo me noté bonita, lo que me dio un plus de soberbia y poder. Todo era fácil, yo no recuerdo pasar días estudiando y tenía un excelente promedio, era la solista del coro, dibujaba, había mucha gente que quería tener mi amistad y muchos chicos que pretendían ser mis novios, pero yo no me dejaba, más por miedo que por verdaderas ganas. Ese tiempo fue uno de esos raros chispazos en mi vida, como me dijo mi psicoanalista.
Ahora, cuando alguien, hombre o mujer me pide que nos veamos para recordar viejos tiempos, conocernos o simplemente tomar algo, yo comienzo con una tortura de pensamientos que llenan mi cabeza con cosas como: “¡estoy horrible!, no quiero que me vean” “¿Por qué quiere hablar conmigo?” “¿de dónde saca que podemos ser amigos?” “¿Por qué cree que yo le gusto? ¡Si no me conoce!”.
Aunque no lo parezca, comprendo a los que están cerca de mí, que tienen que escuchar todo esto cuando les cuento lo que está pasando, entiendo que me digan que soy negativa y hasta me queda claro que les harta estar escuchando tanto drama. Aun así, me han pedido que deje de tener miedo y ya me salga de mi cueva. Yo me enojo y pienso que no es miedo, que yo soy así y solo pasa que no quiero estar con nadie.
Hoy, en un supremo esfuerzo por demostrarme que no es miedo, acepté salir con alguien, sé que todo va a salir bien, que yo voy a estar tranquila y voy a poder llevar una conversación interesante. Claro, si es que logro encontrar que ropa ponerme, acabo de descubrir que no tengo nada y no me gusta ninguno de mis zapatos, además no sé como peinarme, y puede que haga mucho calor y eso a mi no me sienta bien…
1 comentario:
Ahora no puedo verte, pero te estoy leyendo y me parece tan atractivo enterarme por este medio...
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