Ayer desperté con la intención de ser más optimista en la
vida, me preparé uno de esos jugos que están de moda para desintoxicarse y me
fui al trabajo cantando. Tarareaba en el camino y no me importó que la gente
volteara a verme. Durante el día fui a recoger un paquete a la oficina postal
más cercana y de regreso al trabajo con el sobre en la mano, me sentí como esa
gente que sale en las películas, bailando y cantando en la calle de tanta
felicidad. Luego en la tarde me fue entrando una tristeza bien grande y de regreso
a mi casa me subí a un puente, sentí como el frío me entraba por el cabello y hacía
contraste con el calor que me daba la chamarra. Me quedé ahí un rato pensando.
Cuando llegué a mi casa deduje que es probable que en el
mundo existan personas que en realidad están mal diagnosticadas y no son
suicidas, entonces deberían de convertirse en pilotos de carreras, trapecistas
o en esas mujeres que giran en tableros mientras el hombre de los cuchillos se los lanza, durante esas acciones ellos cierran
los ojos pensando si hay algo que les dé una razón para salvarse y tener ganas
de quedarse por aquí más tiempo.
Hoy no me tomé el jugo.
1 comentario:
Hasta parece que sentiste culpa por la alegría. O una verdad mayor partió en dos tu certeza.
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