domingo, 14 de abril de 2013

El diagnóstico



He encontrado un ejemplo de una persona que representa lo que el psicoanalista dice que tengo. Un hombre viaja en un crucero de lujo, la primera noche del viaje cae una tempestad terrible y el barco se hunde, él en su intento de aferrarse a la vida y sintiendo un terror inmenso, nada con brazadas desesperadas durante toda la noche, golpeándose con los restos del barco y sintiéndose hundir en la oscuridad. Por fin encuentra en su camino un grupo de rocas y permanece ahí abrazándolas esperando que todo termine.  Al amanecer la luz del día le permite ver que hay una isla a unos metros de su refugio, ¿Cuál es reacción ante esto? Se inunda de una tristeza y miedo profundos, recuerda la noche que pasó al borde de la muerte y decide que es más certero quedarse afianzado a las rocas, no importa cuánto sufrimiento le represente esto, porque sin duda, es lo que a él le parece más seguro. Se reprime y se culpa a la vez, sin embargo pasarán años antes de que decida soltarse y nadar hasta la isla, o en su intento crea que es mejor dejarse morir.

Viéndolo así no parece tan complicado, excepto por el hecho de que he pasado cinco años dando vueltas como un perro que se persigue la cola, y en una pausa me he dado cuenta de que no he llegado a nada y el panorama futuro se ve muy parecido a lo anterior si no corto con mi evasión de la realidad.

Son las doce del día del domingo y estoy desnuda sobre mi cama analizando las sombras que se reflejan en el techo, el aire mueve las cortinas y el sol entra de lleno por la ventana, recorro con la mirada la habitación y veo más bonita mi casita que otros días. Es probable que no soy la mejor persona pero las buenas noticias es que tiene remedio el trastorno que tengo y que no quiero mencionar para no estancarme en ello. Soy una mujer a quien parece que le gusta sufrir, escribo y dibujo acerca de mi tristeza, prefiero estar encerrada en mi casa todos los días y si puedo evitarlo no me detengo a conversar con nadie, después sufro mucho porque me siento sola y no sé cómo salir de ahí. No todo es tan malo,  como dice Keaune Reves: “Ustedes necesitan estar felices para vivir, yo no”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

ta'madre... debí apuntar tu cel-fon en donde no se extraviara...

sanbond dijo...

No dejes que te invada la tristeza, recuerda que todo está dentro de nosotros mismos, de ahí viene la fuerza.

pez dijo...

espero que el psicoanalista no te salga tan caro

de chico yo iba a ir con un psicólogo. cuando dijo lo que cobraría, se me cayeron los calzones (bueno, a mi papá) y se determinó que me quedara yo con mi angustia existencial

ahí la llevo, tal vez no haya sido lo mejor, pero ¿quién puede afirmar qué es lo mejor?

Chaly Vera dijo...

La soledad no es motivo de tristeza, si dominamos nuestra mente, nada nos hara infelices.


Besos