martes, 10 de septiembre de 2013

La manera habitual



Imaginen que van ustedes por la vida caminando como si nada, cumpliendo su rutina diaria, vestidos como la gente ordinaria, viendo pasear a un perro y preguntándose si están cumpliendo con los patrones en la vida para ser feliz, de pronto el universo los toma con unas grandes pinzas que llegan desde el cielo, los levanta despacio, con cuidado y los introduce a un gran frasco de cristal, enrosca la tapa para evitar fugas y sacude una y otra vez el recipiente con ustedes dentro, removiendo frecuentemente para que no se peguen en el fondo. Bueno, quizás esto último no, pero una vez que los ha dejado bien mareados, abre el frasco y olvidando la delicadeza anterior simplemente los tira desde arriba y los ve caer fracturados en decenas de partes, luego se retira.
En verdad a veces me gustaría que mi vida fuera normal y aburrida, ser ama de casa por ejemplo, ser la esposa fiel, leal y comprensiva, hacer suculentos guisos y tener la casa impecable, ver a mis amigas una que otra mañana mientras me escapo de la rutina, pero incluso ahí creo que por azares del destino me volvería contrabandista, encontraría una manera de plantar droga en mi casa y me aburriría del ñoño de mi marido, lo dejaría y tendría un amante ruso que me seduciría cada noche tan solo por susurrarme cosas al oído. Maldita sea.
El universo me dejó tirada otra vez dividida en tres, con todos los planes echados por la borda por una mala jugada del destino y gracias a una pendeja en la que confié y me dejo prácticamente en la calle. Entre más cosas me suceden así más me preocupa el hecho de volverme más wey, más vale madre, más cínica o simplemente tener más agudo el instinto de supervivencia. Eso si, estoy segurísima que de esto no me voy a morir.

3 comentarios:

Chaly Vera dijo...

Pues levantate y sigue caminando.

Besos

pez dijo...

abusan de nuestra nobleza

bueno, lo cierto es que entre los extorsionadores y los que cometen fraude, ni a cuáles irle

me acordé del chiste mamón:

Primer acto: sale un señor vendiendo tortas

Segundo acto: el mismo señor vendiendo tortas

Tercer acto: el mismo señor pero ahora de taxista

¿cómo se llamó la obra?

el extortista

Unknown dijo...

La regla es sencilla, el que no hace nada nunca se equivoca. Los proyectos parecen se comportarán de una manera y al final resultan de otra, algunas veces desfavorable. Eso es típico. Así es que ya que le queda a uno... encogerse de hombros y decir, qué mal pex. Ese estado no se llama valemadrismo, simplemente es serenidad ante la desgracia, jaja.