miércoles, 19 de diciembre de 2012

si llorara cuando debo hacerlo no sería una bomba a punto de estallar



Cuando era niña mi papá me compró un pastel para celebrar mis cinco años, tenía un carrusel de adorno, eran caballos alargados  en colores pastel  y tenían su carpa con banderillas rosa y azul. No había invitados, solo mis papás y mis tres hermanos, yo tenía un suéter rojo y mi peinado de príncipe valiente, lo sé por las fotografías, me veía bonita y hasta contenta, y si, era muy feliz escuchando la música que mi papá ponía, la que a él le gustaba y yo me quedaba sentada contemplando todo y me entraba un sentimiento grande en el corazón que se iba hasta la garganta y me daban muchas ganas de llorar, pero me la pasaba luchando para no hacerlo.
Cuando tenía unos dieciséis años una señora me leyó la mano, me dijo que iba a haber dos hombres en mi vida y yo me quedé pensando eso el resto de mi existencia, creo que por eso cuando me casé, aun cuando amaba infinitamente a ese hombre, sabía que tenía que llegar el segundo. Lo que aprendí mientras estuve casada fue a confirmar lo aferrada y necia que soy, estar con un hombre ambicioso y exitoso que te dice que tú no eres nadie me hizo luchar años y años para demostrarle que si era capaz de estar a su altura. Entonces un día me di cuenta que ya no lo admiraba ni lo amaba y que además no estábamos al mismo nivel, entonces dejó de interesarme esa lucha y me fui.
A veces todavía me dan ganas de llorar cuando escucho la música de mi papá; y a veces escucho el ruido que hacía mi ex  marido cuando entraba a la casa en las noches y me da mucho miedo, pero me aguanto y no lloro.

1 comentario:

Unknown dijo...

Conozco ese sentimiento. Lo he tenido sólo en momentos de intensa alegría. Curiosamente hace años que no lo siento, jaja.