Desde el primer día que entré a la secundaria no hice ni un
solo amigo, así que inventaba mil cosas para hablarle a los compañeros, desde dibujos, regalarles dulces o hasta hacerles las tareas. Todos aceptaban
mis obsequios, pero algunos ni siquiera los agradecían, me daban la espalda
para terminar el resto de las clases ignorándome. Sin ponerme dramática, me
gustaría explicar ese sentimiento de estar en medio de todos dándote la
espalda, ellos riéndose y jugando, aventándose o compartiendo sus secretos al oído.
Yo en medio, invisible, intentando esbozar una sonrisa que ahora pienso mas
bien que era una mueca que mostraba el miedo y las ganas que tenía de
desaparecer. El último año me animé a pedirles a las niñas mas ñoñas y feas del
grupo que me dejaran juntarme con ellas, les sorprendió mucho pero con cierto
orgullo me aceptaron, al siguiente día en el recreo pase a su lado sin voltear a verlas y busque mi banca de siempre para sentarme sola.
El año pasado me buscó un amigo de Nueva York, vino a México
y nos quedamos de ver para ponernos al día, ahora que lo recuerdo me costó
trabajo sonreír todo el tiempo que estuve con él y cuando quiso tomarme unas
fotos en un parque le dije que no me sentía muy a gusto con eso. Hoy vi que vino a México y
no me llamó, ahora se que vino por otra chica con la que salio al mismo tiempo,
creo que se casan el siguiente invierno. No pude evitar stalkear las fotos de ella
y vi que aunque no es muy bonita todo el tiempo esta sonriendo y bailando,
bastante cómoda con ella misma parece, ya saben, de esas mujeres que visten con
vestidos blancos que se levantan mucho cuando giran. Me quedé pensando un rato
y después me fui a mi recamara a delinearme los ojos y a ponerme un vestido
negro.
6 comentarios:
Sí, conozco el sentimiento. Me pasó cuando estaba en Alemania y los compañeros de secundaria no me pelaban. Yo creo que mucho fue por su natural racismo que todavía tienen siendo yo mexicano, jaja. La otra vez que me sentí igual fue en la Ibero, sobre todo cuando estaba solo en círculos judíos, para ellos era totalmente invisible!!! Pero esos tiempos incómodos pasan y con el tiempo mi único reclamo ha sido porqué en su momento no los mandé a la chingada.
Me he identificado demasiado con tu texto, en especial con esos recuerdos de una infancia en la que uno como niño se siente rechazado, marginado, lleno de inseguridades, intentando fingir que los desprecios no lastiman, cuando verdaderamente destrozan... me pasó, pero creo que esa parte de mi infancia me hizo fuerte y segura, ahora no dejo que nadie se atreva a tratarme mal, no dejo que un desprecio me haga sentir mal, al contrario, me sobrevaloro, y al sobrevalorarte, las demás personas se la creen, y te buscan, creas una falsa necesidad en ellas, y te conviertes en líder, se invierten los roles, y vaya que se siente bien.
Un beso, ya sigo tu blog, espero verte pronto por el mío.
Esas cosas nunca me afectaron, al contraruio yo huia de ellos.
Besos
debí haberme casado con alguien así: bailadora y sonreidora
no que me casé con una que como dicen en ese programa de Miembros al aire: "aquí está mi mujer"
sí, aquí está: chingue y chingue y chingue, jajaja
Fue mejor así, yo tenía mis dizque amigas de la secu que en tercero me dieron la espalda y casi me vuelvo bulimica por llamar su atención. Pero eso me ayudo a ser más selectiva en la prepa y encontrar a tres grandes amigos que aun conservo. Ah por cierto, que bueno que fuiste por tu vestido negro, así eres tu y eres fantástica. Un beso.
y luego unos les dice a las vestidas de negro que las quiere y no le creen a uno
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